Siempre parece que las enfermedades nos toman por sorpresa y en realidad es que las estadísticas se usan para no afectar la imagen.

Acostumbrados a pensar en las estadísticas como ciencias exactas, lo más exacto sería decir que hasta la “exactitud” de las estadísticas se puede acomodar. La comunidad científica sabe que hay determinados parámetros de un estudio que pueden modificarse por impericia, por negligencia, o incluso por malicia. Si es errónea, por ejemplo, la toma de muestras o de encuestas, erróneo será el resultado… pero se presentará ante la comunidad como palabra santa.
Y ojo que hablamos, especialmente, de las estadísticas en la que estamos involucrados los seres humanos. Ya en 2009 nos despachamos con que las estadísticas de mortalidad infantil en Tucumán que parecían haber tenido un brusco retroceso habían sido manipuladas de modo que ciertos nacimientos con posterior mortalidad no se computaban.
Y tal vez el ejemplo más grosero sea el de la manipulación de la economía doméstica cuando el INDEC presenta sus índices de precios y de canasta familiar. La diferencia está en la falta absoluta de fe en ese organismo por parte de la mayoría de los argentinos.
Pero las estadísticas serias son cruciales para la planificación de políticas sanitarias. Aunque en este caso lo más triste es que ni siquiera existen estadísticas “manipuladas” en muchos casos. Extraoficialmente, se cree que la Gripe A H1N1 fue la responsable de al menos cuatro muertes en nuestra región y que la cantidad de enfermos en el invierno pasado fue de cinco centenas. Pero no hay documentos que respalden tal afirmación y por eso en las estadísticas figura nuestra región como un lugar en el que casi no hubo influenza porcina. ¿Seremos víctimas de una nueva improvisación en el caso de que esa gripe vuelva con los próximos fríos? ¿La estadística no debiera servir para programar la cantidad de dosis de remedios que serían necesarios en la zona si vuelve a haber otra epidemia?
No se puede en temas sensibles como la salud pública apelar a la hipótesis de las dos bibliotecas. Es hora de lograr que la comunidad científica adopte idénticos criterios a la hora de abordar problemáticas sanitarias complejas. No sólo porque tenemos derecho a una mejor salud preventiva sino porque los costos de improvisar en esta materia son enormes.
La lluvia, yendo a otro caso más próximo, no es la única explicación a que se haya triplicado la población del mosquito Aedes Aegypti en el territorio provincial. Es que las estadísticas que llevaba el Ministerio de Salud no eran cien por ciento confiables y ésa es la razón por la que parece que sólo la fumigación nos ayudará a mitigar la presencia del vector del Dengue, justo en el momento en que se registraron algunos casos en la provincia.
Muchos quieren funcionarios que sean serios antes que parezcan serios y muchos quieren que las estadísticas no parezcan serias sino que lo sean. ¿Será posible pensar en un mundo así durante el siglo XXI?