Fue la solución que encontraron las autoridades ante la caída del puente original sobre el río Jesús María. Su construcción demoró un mes, aunque hubo decenas de trabajadores, máquinas y camiones durante el mencionado plazo.

28 días necesitó el personal de Vialidad Nacional para montar un puente Bailey sobre el río Jesús María, en reemplazo provisorio del puente que unía esta ciudad con Sinsacate y que se cayó cerca del mediodía del 31 de enero pasado.
Ninguna de las promesas de funcionarios provinciales o nacionales se cumplió en tiempo y forma. Ni se habilitó a los quince días, ni a los veintiún días sino recién pasado un mes. Y eso que se trata de un puente que se arma como un “mecano” y que no debiera representar mayores problemas. Pero cuando no fue la lluvia, fue el terraplén y que patatín y patatán y las obras demandaron más de lo previsto.
Los datos que manejan las autoridades comunales sobre las consecuencias de la incomunicación de casi un mes son pavorosos. El primer dato es que la actividad comercial en Sinsacate sobre la ruta 9 norte cayó al menos un 50 por ciento, no sólo porque no pudieron llegar clientes desde el este y sur provincial sino porque tampoco lo hicieron los propios clientes locales.
El segundo dato es que el Camino Real tiene entre tres y cuatro veces más tránsito que lo habitual. Hacer cuatro kilómetros por esta vía durante los fines de semana es una odisea que puede demandar entre 15 y 40 minutos. Durante un fin de semana circulan entre 20 y 25 mil vehículos pequeños (viernes, sábado y domingo), tanto es así que Gendarmería hace de guardia de tránsito sobre el puente Centenario.
Pero el dato más preocupante es cuánto van a demorar en construir un puente nuevo ahora que se conoció que la nación hará autopista desde Sinsacate hasta Santiago del Estero, licitación que ganó la empresa cordobesa de Benito Roggio. Los cálculos que brindaron las autoridades es que el nuevo puente –del que hay cien páginas de descripción técnica y ni un croquis- demoraría en levantarse diez meses. Leyó bien: ¡Diez meses! Y no se sabe si será de cuatro manos o de dos como estaba.
Como propuestas alternativas se baraja la instalación de un segundo puente Bailey (otro mes más de demora) hasta tanto el definitivo esté listo.

Culpas concurrentes
A hechos consumados, nada más fácil que endilgarle la culpa a otro u otros por los problemas advertidos con anterioridad. Es cierto: que el agua socavaba las bases del puente y que fue advertido desde esta zona a distintas autoridades. Pero no menos cierto es que la verdadera causa de la caída del puente no es una crecida inusual de un río habitualmente bajo sino la devastación de la cuenca del río en manos de la deforestación y de los incendios. Hoy la cuenca del río Jesús María es como una inmensa bandeja que no hace más que volcar el agua en dirección a la ciudad y ésa es la razón por la que las calles se anegan ante una lluvia de 100 milímetros. Destruido el bosque serrano, talado, incendiado, ahora las consecuencias se observan.
Ese análisis, aportado por especialistas, llevaron a las autoridades de la región, a la Sociedad Rural de Jesús María y a los consorcios de protección de las cuencas hídricas de nuestra zona a celebrar un convenio para investigar la situación de las cuencas y para proponer un plan de trabajo para corregir las deficiencias actuales.
El proyecto contempla una serie de acciones, entre las que se destacan: Ordenamiento hídrico de la cuenca de aportes de los ríos Santa Catalina, Ascochinga y Jesús María (microembalses de retardo, sistematización de predios rurales, delimitación de áreas de reservas naturales y reforestación), Ordenamiento del río en el sector urbano (azudes niveladores, defensa en base de puentes, engavionado de márgenes de contención, línea rivera, protección de derrames de sectores bajos y restablecimiento e sistema de riego), y Ordenamiento del río Jesús María en el sector este (encauzamiento del río, nivelación de fondo de cauce).