Lo enojoso


Otro texto de Martín Suárez, vecino de nuestra zona donde enumera la nómina de cosas que pueden pasar en días en que los astros parecen conjugarse para que todo nos salga mal. De paso, reflexiona sobre la PC y la escuela, sobre enseñanzas y aprendizajes.

Hay días en los que despierto con una polilla pegada a la cara, me levanto enojado, pero la palabra enojado me hace pensar en un territorio claramente delimitado, donde es fácil indicar motivo o destinatario del eno-jo; más adecuado sería hablar en este caso de lo enojoso que suena a pegajoso, mohoso, caprichoso, mañoso, viscoso y otros osos, un sentimiento que no acaba de instalarse sino que flota o zumba entre las cosas y me va envolviendo entre brumas, abrumando.
Lo enojoso se manifiesta en días en que estoy peleado con las cosas, me pasa que la sal y el agua se vuelcan, los platos y cubiertos saltan de mis manos y caen golpeándome los pies, la sábana se acorta y no puedo taparme entero, los respaldos de las sillas se desentienden con mi espalda y el espiral para espantar mosquitos los atrae. No se trata de la solidez y vitalidad del enojo bien arraigado y sostenido sino de una tela de baba colgando sobre las pupilas que va cubriendo todo lo que se mira (y dudo si la baba está en el que mira o brota de lo mirado), tiene tanta realidad co-mo el puro enojo aunque resultan más confusos sus motivos y al querer verlos quedo enrededado conmigo mismo, a pesar de esto intento establecer algunos hechos que puedan oficiar como causas de mi enojoso actual.
Luego de que las vacaciones me hallan dispensado temporalmente del asunto referente a los asientos de colectivo, puesto que no voy a tener que tomarme uno por bastante tiempo, hice cálculos y vi que mi economía no me va a permitir viajes este verano; qué hace entonces un tipo experto en atención al cliente pero bastante malo en la atención de si mismo, el hastío/hartazgo de mí es un bicho que empieza a molestar cada vez que el tiempo libre es demasiado y se evidencia más aún si el espíritu y el cuerpo no pueden cambiar de paisaje (como me recomendaba hacer este mes el horóscopo). Empiezo a estar más tiempo en Jesús María y escucho cosas que quedan haciendo ruido como por ejemplo ese proyecto de darle una computadora a cada chico que va a la escuela primaria, no es de troglodita, yo escribo esto en mi notebook, pero me hace ruido eso de chicos y maestros comunicándose computadora mediante, me hace ruido eso que leí de que las escuelas con mapa de hule pronto no deberían entrar en la categoría de tales, ¿y el calor de la voz humana? ¿y la necesidad del contacto físico con las cosas y los otros?. Por ahí estoy exagerando, pero este veterano recuerda un día de cuarto grado, la feliz conciencia del despertar de todas sus hormonas cuando la gringuita más linda del curso le sonrió largo mientras los dos sostenían el mapa de hule (difícil hubiera resultado ese intercambio de sonrisas que desencadenó en primer noviazgo si cada uno hubiese estado ante su computadora) Con esto de las computadoras me empiezan a perseguir ideas negras como lo de los medios comiéndose a los fines y pienso que los chicos van a tocarse cada vez menos las manos para tocar cada vez más los mouses y un poco me agarra el viejazo y si me sigo dando manija pienso que tantos mapas virtuales, herramientas virtuales, cortado y pegado virtual van a ir dejando sin entrenamiento los sentidos para todas aquellas actividades no virtuales, vitales. Y esto de lo virtual me toca en lo personal porque en mi incansable búsqueda de una compañera he probado encontrar a alguien en el chat pero fracaso enseguida pues me hallo incapaz de establecer un vínculo con una mujer si de entrada no percibo su olor y el filo de sus huesos, muestran colores preciosos las pantallas pero no respiran como la piel; suena de fondo mi querido Spinetta (todavía no puedo darme el gusto de verlo), Color humano canta, a mi por aliteración la cabeza me ruge ¡calor, calor humano! Y el flaco que dice que somos todos humanos sin saber lo que es hoy un ser humano y ya mi enojoso se encapricha y sin saber muy bien qué hacer se tira al suelo y patalea y reclama ¡vida y sangre y calor y color!
En fin, son cosas que me rondan, continuidad de hechos mentales que convergen en el territorio de lo enojoso, sin olvidar que también está el asunto del destino emperrado en no regalarme una novia de verano y la nostalgia que me ha venido por la gringuita.

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