Por: Roxana Erbas (Lic. En Kinesiología y Fisioterapia [MP. 3238])

Sometidos al diario trajín, resulta difícil detenerse a meditar sobre lo inconveniente que es no dominar el estrés. Mientras menos atención se le dedica al problema mayores son las consecuencias físicas padecidas.

Con el paso de los años nuestra sociedad está cada día más lejos de lograr la armonía, la tranquilidad y el equilibrio psico-emocional, ya que vive sometida a tensiones producto del progreso, de la crisis de valores (ya sea afectivos, familiares y/o económicos), de la inseguridad en las calles, entre otros. Todos estos factores son desencadenantes del estrés, entendiéndose por éste a aquellas situaciones en donde las demandas sociales o psicológicas superan a la capacidad de respuesta, ocasionando una reacción orgánica sobre el sistema nervioso, cardiovascular, endócrino, inmunológico, digestivo, sexual, etc. Esta situación produce un estado de desequilibrio psicofísico, lo que llega a disminuir nuestra calidad de vida.
Hay estrés bueno que nos ayuda a estar alerta en determinadas situaciones y a poder reaccionar rápidamente, es circunstancial. También hay estrés malo, es el que perdura por más tiempo y en donde la capacidad de actuar está limitada, hay sensación de desgaste, cansancio, de trabajar sin descansar y de que siempre quedan cosas pendientes por hacer. Si esto perdura el sistema inmunológico se vuelve vulnerable (gripes, catarro), se duerme mal, baja el rendimiento intelectual, profesional, se pierde la concentración y la atención.
Todo esto aumenta el riesgo de padecer dolores de espalda, lo que facilita la aparición de contracturas musculares y dolor y nos lleva a volvernos negativos ante esta situación. Esta situación ocurre porque el estrés altera el estado de los nervios que controlan la función muscular, lo que predispone que ante mínimos esfuerzos se desencadenen episodios dolorosos. También podría interferir en la coordinación de distintos grupos de músculos, la cual depende de reflejos nerviosos que producto del estrés pueden verse afectados y ocasionar que los músculos se contraigan a destiempo facilitando las contracturas. Algunos de los músculos que dan función a la espalda para mantener la postura y el equilibrio durante el movimiento son los abdominales, para vertebrales, etc.
Hay otros factores que pueden influir en la aparición de contracturas y dolores de espalda, como son el sedentarismo, la falta de estado y actividad física, el exceso de peso, etc.

¿Cómo hago para que no me pase a mí o cómo lo trato?
* Lo primero es darse cuenta de que existe estrés para poder manejarlo, ya sea para resolver aquello que lo esta ocasionando o para aprender a vivir con él, de la manera más sana. Aprender muchas veces a decir que no, cuando las demandas superan las capacidades. Hay veces que es necesario consultar al psicólogo o al psiquiatra.
* Realizar actividades físicas, aunque sea practicando algún deporte 30 o 40 minutos en días alternos. Si lo va a realizar a diario sería conveniente consultar al médico y así disminuir la posibilidad de generar lesiones. En caso de que no pueda realizar deportes, salga a caminar o vaya caminando al trabajo, al supermercado, etc.
* Controlar la alimentación, ya que si es en exceso ocasiona sobrepeso y por consiguiente dolencias e inconformidad con la imagen que tenemos de nuestro propio cuerpo. Además, la ingesta abundante de grasas genera sensación de debilidad y falta de energía, lo que propicia la aparición de estrés.
* Mantener normas de higiene postural, como por ejemplo adquirir buenos hábitos de postura y movimientos en la vida diaria para no sobrecargar la columna vertebral. Puede considerar sentarse apoyando la espalda en el respaldo de la silla o doblar las rodillas al agacharse para tomar algo del suelo o simplemente atarse los cordones.
* Mantener un buen estado de los músculos de la espalda, con la práctica de ejercicios específicos para ellos o con natación.
* Practicar técnicas de relajación, meditación y respiración abdominal.
* Cuidar los hábitos de descanso.
* Revisar las relaciones cercanas ya sean familiares, sociales o laborales para determinar si hay en ellos actitudes que desencadenen situaciones de estrés, para poder manejarlas.
* Realizar periódicamente Fisioterapia y Kinesiología. Mediante el uso de diferentes aparatos (TENS, magnetoterapia, ultrasonidos, láser, ondas cortas, equipos para electro analgesias) se puede lograr reducir y mejorar las contracturas, como así también disminuir el dolor; y por medio de masoterapia lograr la relajación, lo que combinados resultan muy beneficiosos para el organismo.
* Además se puede realizar acupuntura, quiropraxia, osteopatía, etc. Todo ayuda a mejorar o a lograr el bienestar deseado.
* Y no olvide siempre consultar al médico lo más tempranamente posible, él evaluará su cuadro, lo medicará si considera necesario y le indicará las pautas a seguir.
Recuerde siempre: “Junto con una sana disciplina, sea amable consigo mismo, dese tiempo para usted y para disfrutar lo bueno de la vida”.