Cartas al Director: Jóvenes viejos


Hace 37 años Salvador Allende pronunciaba, entre otras, las siguientes palabras en un discurso en la universidad de Guadalajara:
“Hay jóvenes viejos… y viejos jóvenes…”
“…y estos jóvenes viejos, si son arquitectos, por ejemplo, no se preguntan cuántas viviendas faltan en nuestros países y, a veces, ni en su propio país…”
“…Hay muchos médicos que no comprenden… que la salud se compra… y que hay miles… y miles… y miles de hombres y mujeres… que no pueden comprar la salud…”
“…de igual manera que hay maestros… que no se inquietan… que haya también cientos y miles de niños y de jóvenes… que no pueden ingresar a las escuelas…”
A propósito de “jóvenes viejos” estaría bueno saber qué piensan los jóvenes de nuestra ciudad. Quisiera preguntarles de joven a joven: ¿si es que ya te has olvidado de esa “inquietud y curiosidad” que corre por tu sangre, que te lleva a preguntarte el porqué de las cosas?
¿Te has preguntado alguna vez porqué a menudo realizas tanto esfuerzo en “adaptarte” a los discursos o afirmaciones de algunas personas con los que diariamente conversas aún cuando dentro tuyo está “sonando alguna alarma”?
Cuando diariamente te vistes, te produces, y te comportas de acuerdo a cierto estereotipo de joven exitoso para alcanzar cierta aceptación ¿no sientes que estás asesinando al joven para convertirte en un “joven viejo”?
¿No has pensado que ya no volverás a tener la sangre joven con la energía, las ganas de sonreír y de charlar de cosas mucho más importantes y profundas que negocios, noticias, políticos o cosas materiales?
¿Por qué a diario asesinas a ese curioso que todos los jóvenes de cuerpo o de espíritu llevamos dentro?
¿Nunca has intentado conversar con gente que no le interesa hablar de lo mal que está todo, para charlar de lo lindo que es nuestro país, nuestra provincia y nuestra ciudad y de personas talentosas y sabias de nuestro país que alguna vez conociste, que no se dedican a la política ni a los grandes negocios y que no aparecen en los periódicos o la televisión (el integrante más importante de nuestras familias)?
¿Nunca has intentado hacer algo por tus propios medios y con tus propias capacidades físicas o intelectuales para sentirte orgulloso de un resultado que por más que no sea el que esperabas sólo será mérito tuyo y que tendrás muchas oportunidades más para volver a intentarlo? Entonces ya tendrás una buena escusa para sentirte útil y algo interesante de qué hablar que no sea repetir lo que escuchas por ahí.
Si a las personas que te rodean no les interesan tus nuevos comentarios entonces podrías probar conocer otro tipo de personas que no estén o pertenezcan al ambiente viciado en el que normalmente te desenvuelves. ¡Quizá también conoces otras personas que realmente tengan algo interesante de que conversar y quizá puedas también aprender otras cosas nuevas para sentirte más útil aún!
¿Quién te ha hecho creer que las personas más grandes de edad son las más sabias y que sus comentarios sobre política, economía, negocios y demás males son incuestionables? ¿Nunca se te cruzó por la mente la idea de que los que conoces sólo piensan en su propio beneficio y lo que está bien o está mal para ellos está directamente relacionado con su propia oportunidad de ganar más dinero con el menor esfuerzo posible, sin importar si quiera el ambiente natural en el que vivirán sus propias generaciones futuras, como sus hijos o sus nietos? ¿Por qué eres obsecuente aún cuando no le crees a los que pretenden constantemente demostrarte una suerte de superioridad, o que han sido “elegidos” para representar al progreso?
¿Cuántos valiosos “viejos jóvenes” tendremos que ver desaparecer para empezar a replantearnos nuestro rol como sangre joven que este planeta necesita para empezar marchar hacia adelante, a hablar menos y a hacer más, a unirse entre cuerpos y almas jóvenes, sin importar su apariencia, para preguntarles a los adultos “experimentados” (en noticieros, en política, en negocios, en marcas de vehículos y de ropa) ¿Por qué? y ¿Por qué No?
¿Por qué asesinas al joven que llevas dentro cuando éste tiene ganas de frenarse un instante de la carrera sin rumbo, para prestar un oído, una sonrisa o tenderle la mano a alguien que lo necesita?, ¿tienes miedo de perder algo?, ¿no hemos perdido demasiado ya?
¿No te has dado cuenta aún de lo urgente y necesario que resulta, para este planeta que marcha hacia atrás, esa inquietud que llevas dentro?, esa curiosidad natural que constantemente se manifiesta y que te esfuerzas en “amoldar a las circunstancias” ¿Hasta cuándo?
¿Qué estás esperando para adquirir y fomentar costumbres y hábitos saludables para tí y para nuestro planeta, en lugar de avalar tanta destrucción?.
¿Qué estas esperando hombre adulto, para dejar de aplastar al joven que llevas dentro, que quiere un mundo más justo y que te empeñas en no escuchar? ¿No será él quien te provoca la acidez, el estrés y el insomnio por las noches?
¿Qué estás esperando “joven viejo”, “adulto joven” para acercarte en lugar de crear distancia a través de objetos materiales monetariamente valiosos?
¿Te has puesto a pensar en la frase “la violencia engendra violencia”? ¿No es violencia lo que genera en los más humildes lo que tu ostentas innecesariamente recordándoles las comodidades que no pueden obtener y los lugares a los que probablemente nunca podrán acceder? ¿No es el mérito (de la palabra “merecer”) y el esfuerzo lo que distingue mejor a una persona? ¿Cuál es el mérito que te distingue de una persona que se tiene que esforzar diariamente mucho más que nosotros?
En lugar de distinguirte ¿No sería más saludable para la sociedad que empieces a tratar de parecerte?:
De parecerte a la humildad, de los que, a veces por única alternativa, han aprendido que no se necesita más que las capacidades que la creación les dio, y a veces menos, para obtener lo necesario y despertarse de buen humor la mayor parte de los días.
De parecerte a la dignidad, de quien por su esfuerzo diario se merece a veces más que nosotros lo que nosotros tenemos, pero no tuvo tiempo de pensar, ni las condiciones necesarias para educarse y desarrollarse intelectualmente.
De parecerte al cariño, con que responde a una caricia, o a un poco de comida, el perro sin dueño, hambriento y desdichado, acostumbrado al desprecio de quienes necesitan sentirse superiores. ¿tienes miedo de contagiarte de parásitos? ¿no se parecen también a los parásitos los que se desprenden de tu corazón y te permiten disfrutar más intensamente de todo cuando el joven que tienes dentro te convence de regalarles una caricia o brindarles la asistencia que necesitan?
De parecerte a la sabiduría, de los ancestrales habitantes de nuestras tierras, que se saben hijos y parte de la naturaleza y comprenden su preservación, desde muchos cientos de años atrás, como indispensable para su vida y las de las generaciones que vendrán. ¿Quién te ha hecho creer “jóven viejo” que llevarías una vida saludable lejos de la naturaleza y que tus hijos no necesitan desde el primer día convivir con ella para entenderse un eslabón más de la misma y que por consiguiente cada acto de destrucción lo es también contra ellos mismos?

Adrián José Rolfo

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