Se necesita música: ¡Urgente! (Propuesta relativa a generar una “coalición cívica”)


Por: Luis Pastawski y Gustavo Machado (Vecinos de Jesús María)

“Si yo propongo algo distinto a lo que existe, las personas dicen que es utópico; si propongo algo próximo a lo que hay es viable, pero no cambia las cosas. Y eso nace de una incomprensión de la naturaleza de la política transformadora y del pensamiento programático. Este tiene secuencias con puntos más próximos y más lejanos. El pensamiento programático no es arquitectura; es música”.
Roberto Mangabeira Unger
(Ministro de Planificación Estratégica de Brasil)

Las elecciones que se realizaron el último domingo de junio indican, más que nunca, la necesidad de consensos y construcciones colectivas. Se advirtió “duramente” que los partidos políticos carecen de ideologías, que al menos se vinculen con lo que justificó su esencia fundacional. Creando consecuentemente “divisiones multiplicadas“ por doquier, y una exasperante debilidad de proyectos integradores (es decir, acciones que emerjan para el beneficio de todos los individuos y sectores que conforman la comunidad).
Los resultados electorales en nuestra comunidad, repartidos entre cuatro agrupaciones, paradójicamente, dependientes de los dos partidos políticos que se alternaron el gobierno de la ciudad en los últimos años, son una demostración más, de la necesidad presente y futura, de acercar pensamientos y proponer proyectos, para integrarlos a través de una gestión perfilada hacia una congregación comunitaria.
Consideramos en primer término que, entre las relaciones del Estado Municipal y la Sociedad, se debe abordar con qué pautas generaremos un desarrollo sostenido para los habitantes de la ciudad preservando integralmente nuestro ambiente (entiéndase: ambiente natural, ambiente laboral, ambiente social / redes sociales).
En segundo término, la gestión pública y su accionar, que debería ser sistémico (multi e inter dimensional), debería trascender las agrupaciones partidarias tradicionales, las cuales carecen en la actualidad de su valor original, manifiesto en acontecimientos diarios expresados en espurias confrontaciones. Esta situación condiciona, en carácter insoslayable e imperativo, a establecer un marco de compromiso: creer y confiar en las personas, fusionar sus aciertos y errores generando una dinámica de evolución, con el objetivo de revertir nuestra actual dinámica de contracción y confrontación.
Desde esta realidad, también coexisten hechos significativos (dignos de destacar y de gran valor que generan la percepción de un entorno pujante, como lo confirma el antecedente histórico de la ciudad) con esta dinámica de contracción institucional y social, que según entendemos, es resultado de acciones e intereses “personales”, restándole fortaleza a las instituciones políticas y públicas y a todo el entramado de redes que interactúan en la sociedad. Es decir, estos intereses “personales” y la actual anomia institucional inhiben las acciones trascendentes de aquellos que brindan servicios con vocación, para el bien de la comunidad.
La palabra confianza, no debe servir sólo de acuerdo a las pautas actuales, para la seguridad jurídica de posibles inversores que exigen respeto por las reglas del mercado y para un progreso económico (que además es transgredida en la mayoría de los casos). La confianza debe generarse y consolidarse para empleadores y empleados, para los que aprenden y los que enseñan, para los que dan y los que toman, para el que posee tanto como para los desposeídos. Éste es el lazo (loop) que hace posible un proyecto destinado al bien común.
Necesitamos un “marco de confianza, compromisos, creencias y credibilidades” que generen un entorno social donde converjan objetivos comunes y de orden superior para toda la sociedad.
Es necesario, alterar, transformar y migrar la condición actitudinal de las personas que tienen o desean participar de la vida político-social-económico -cultural de la comunidad.
Concretamente, una vuelta de rosca actitudinal de dimensión “disruptiva”.
Esta proposición, no tiene espíritu excluyente para los partícipes actuales, todo lo contrario, resulta sustantivo tomar los aprendizajes, las enseñanzas, las fortalezas de la experiencia junto a las debilidades emergentes, el despojo de los egoísmos individuales y construir ese entorno a través de valores, recursos y objetivos de orden superior. Tal cohesión de factores tendría tono de disrupción actitudinal.
Necesitamos y resultaría conveniente según lo entendemos, replantearnos la política y la responsabilidad sobre las acciones de la comunidad, en tiempo presente, no desde las “ideologías de derechas ó izquierdas” sino en términos de valores, es decir, la ética, la igualdad de oportunidades, los derechos humanos, la equidad, la justicia, la libertad, en síntesis… el bien común.
El umbral de la propuesta de coalición cívica con marcadas características “progresistas”, tomaría como factores congregantes: a) Debatir, discutir y definir los temas vinculados a las responsabilidades y derechos de los ciudadanos. b) Identificar los derechos y obligaciones de todos los sectores integrantes del entorno social. c) Combinar y distribuir los beneficios que provienen de los ambientes naturales, laborales y sociales tanto para los sectores como para los individuos de toda la comunidad en carácter sostenido.
A través de tales fundamentos, y sólo en la medida en que se materialicen en políticas factibles, lo moral adquirirá una singularidad de beneficio social. En ese marco, proponemos y apostamos a un explícito compromiso, constituido con vocación de servicio, de-sarrollo permanente de las capacidades y una actitud sin claudicación hacia la formación intelectual de los conductores (MÚSICOS), que genere la posibilidad de llegar en un futuro próximo a un “cogobierno comunitario”.

Decálogo ético de la Coalición Cívica
1) Construir una sociedad democrática en toda su dimensión etimológica.
Es decir, “Participativa, Sostenible y Pacífica”. Asegurando los derechos humanos y sus libertades fundamentales. Brindando a todos la oportunidad de desarrollar su pleno potencial, promoviendo la justicia social y económica y posibilitando modos de vida dignos y ecológicamente responsables.
2) Respetar “nuestra tierra” y la vida en toda su diversidad, asegurando su preservación para las futuras generaciones.
3) Evitar dañar como el mejor método de protección ambiental y cuando el conocimiento sea limitado proceder con precaución.
4) Asegurar que las actividades económicas promuevan el desarrollo humano de for-ma equitativa; protegiendo y promoviendo la igualdad de género, los derechos de las minorías y la dignidad humana sin ningún tipo de discriminación, con el objetivo de la erradicación de la pobreza como imperativo ético.
5) Fortalecer las instituciones de la democracia en todos sus niveles y sectores.
6) Promover una cultura de tolerancia, no violencia y paz.
7) Asegurar el acceso universal a la educación y cuidado de la salud.
8) Promover una distribución equitativa de la riqueza.
9) Involucrar e informar a las empresas de la zona y emprendimientos económicos para que actúen en forma transparente, exigiéndoles responsabilidad por las consecuencias de sus actividades, incentivando la radicación de nuevas empresas que respeten estas pautas.
10) Trabajar por una forma de vida sostenible para todos los individuos en su ambiente natural.

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