Por: Lucas Contreras (Vecino de Jesús María)

Nuestro país es protagonista de un debate estratégico. La Nueva ley de Radiodifusión o Ley de Comunicación Audiovisual abre un nuevo frente en la profundización democrática. Más que nunca lo inocente no existe.

Hablar de la madurez de la democracia no es caer en una metáfora vacía y ajena, la lucidez de la república se conoce por la lucidez de sus ciudadanos.
Nuevamente, una oportunidad histórica se asoma a las narices del, esperemos, maduro pueblo argentino. La entrada al Congreso de la Nación de una nueva Ley de Comunicación Audiovisual es la circunstancia precisa para democratizar la Comunicación Mediática y desnudar a los medios de su falsa neutralidad.
Las interesantes campañas de desprestigio de la nueva Ley, encarada desde corporaciones económicas como Clarín (a nivel nacional) o CADENA 3 Argentina (en Córdoba), permiten apreciar la deformación mediática de la información en pos de los intereses económicos del medio. Está precisamente en la demonización de la ley, el peligro y la necesidad de madurez a la hora del debate. Nuevamente, la historia nos será contada desde las corporaciones afectadas y políticos opositores.
Poco curiosa es, en consecuencia, la forma en que varios medios tienen a etiquetar el proyecto de ley en debate: “LEY K DE CONTROL DE MEDIOS”, LEY CHAVISTA DE MEDIOS, LEY DE RADIODIFUSIÓN OFICIALISTA, formas de titular utilizado por Todo Noticias, Clarín, Radio Mitre, Cadena 3, entre otras emisoras, caracterizadas por la concentración de medios. Lo cierto es que detras de estos calificativos se da por inexistente los 2 años de trabajos de la Coalición independiente por una Nueva Ley de Radiodifusión, los 20 foros de debate vinculantes sobre la ley realizados en todo el país, las campañas que desde hace más de dos años impulsa FARCO (Federación Argentina de Radios Cooperativas), los dos congresos sobre Televisión Pública (el último realizado en Córdoba), los foros de la Red Nacional Audiovisual Universitaria, la carta compromiso de Buenos Aires del MERCOSUR en 2007, etc.
Es por ello que, más que nunca, lo inocente no será tal. Las figuras estrellas de los diferentes medios defenderán a ultranza la inexistente libertad de prensa, crucificarán al gobierno autor del anteproyecto, y defenestrarán a sus aliados en el Congreso; harán sentir en los oyentes de cadenas que la aprobación de la ley será el fin de su relación “comunicativa”, y esgrimirán principalmente que el gobierno desea adueñarse de los medios.
Sólo un ejemplo es el tratamiento que varias cadenas y medios aplicaron a la inversión en derechos de televisación del fútbol en las semanas anteriores. Se emplearon desde recursos empáticos sobre el mal destino de los fondos públicos, hasta presuntos negociados. Lo cierto es que en Comunicación la negación de acceso a material de entretenimiento masivo es un delito mediático. Por el derecho de esparcimiento, se reconoce primero el derecho a acceso, definido como la capacidad de acceder a, o de utilizar libremente, en calidad de receptor, todas las fuentes y canales de envío de mensajes, sin restricciones de ninguna especie, y en condiciones de absoluta igualdad.
Dice el teórico en comunicación A. Pascuali: “Lo medular de un régimen democrático reside en el mantenimiento de un puro diálogo entre el poder y una opinión pública libre, no contaminada por condicionamientos, coacciones, compulsiones o lavados de cerebro previos”.
El desafío está planteado, más que nunca lo que vemos en los medios no es la verdad: usted escuchará, verá o leerá (como en este caso) construcciones mediáticas subjetivas.
Las opiniones no son la verdad, el texto de la ley es lo único que goza de objetividad en el tema. Véase ante las acusaciones del control estatal sobre los medios el siguiente fragmento de la ley; [el espectro radiofónico federal se dividirá en tres partes iguales: 33% para organismos públicos (educativos, gubernamentales, universitarios), 33% para privados con fines de lucro, y 33% para organismos privados sin fines de lucro].
Por estos días, la democracia jugará con fuego. De tener un tratamiento correcto y ser a-probada la nueva Ley de Comunicación Audiovisual, demostraremos como país que la Democracia es una especialista en temas estratégicos, de lo contrario, si la ley se hunde en los cajones del Congreso, la Democracia quedará chamuscada en una nueva prueba de inmadurez política. Hay una muy buena canción de Charly García en su disco Kill Gill llamada Play with fire (Jugar con fuego), en su letra dice “jugar con fuego… es jugar conmigo). Hoy, es el día de entrar al juego. Esta vez, no salir chamuscados depende de todos.