“Inversión y trabajo humano nos permitió este cambio profundo en la calidad de los vinos”


Gullermo García, presidente del Instituto Nacional de Vitivinicultura, visitó Colonia Caroya y se refirió a los procesos que llevan adelante aquí productores y bodegueros.

Por primera vez, la máxima autoridad del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) visitó Colonia Caroya y se interiorizó sobre la metodología que están utilizando productores y bodegueros con la meta de producir lo que se conoce como vinos de alta gama. Hizo una ponderación positiva sobre la calidad de los vinos de esta zona y de los recursos humanos que trabajan en el proyecto.

¿Cuál es el motivo de esta visita?

– Nosotros habíamos estado hace un mes aproximadamente, dentro del programa regular de visitas a la delegación Córdoba, y la propia gente de la delegación se sorprendió porque era la primera vez que una autoridad del Instituto se comprometía a visitar la región y en particular esta zona. El objetivo de la visita es intercambiar momentos de la vitivinicultura como llamo yo a la experiencia donde se intercambian de opiniones porque ayudan a las decisiones que permanentemente tomamos en la búsqueda de una vitivinicultura amigada con el país y con el mundo.

¿Cómo ve el INV el proceso que encaró Colonia Caroya en Córdoba?

– A través de los años, uno advierte la preocupación por la calidad cuando visita las bodegas y ve que hay un desarrollo. Ya hay preocupación por los vinos de guarda y los técnicos están investigando permanentemente los distintos tipos de producto. Estamos hablando de una vitivinicultura absolutamente distinta y que no se diferencia por los recursos humanos sino en las dificultades que cada zona se tiene con el clima. Por otra parte, no hay en la vitivinicultura, en términos generales, aventureros. Los nuestros son inversores, gente que sabe que es un negocio de largo plazo, que no deja rentabilidad en forma inmediata. Hay que esperarlo, hay que madurarlo, a veces durante años. Con stocks acotados, se da una mejora en los precios que animan las inversiones. Uno advierte que esta vitivinicultura es de cara al mundo más allá de que tengamos un mercado interno fuerte. Entonces, Colonia Caroya puede darse el lujo de tener un Tannat y ese producto es valorado en el mundo. Estamos posicionándonos con productos de calidad. La claridad está cuando uno hace las degustaciones en las distintas zonas del país y ve la evolución de los últimos 20 años.

¿Qué opina de los vinos de esta región?

– Lo que caracteriza a los vinos de la zona es su carácter frutado. Cuando uno está acostumbrado a vinos secos y se topa con estas notas más de frutas encuentra valores distintos, propiedades distintas, y apreciaciones distintas que lo obligan a decir que felizmente en Argentina tenemos una diversidad con la que encantar a nuestros consumidores. Con los amigos de Colonia Caroya compartimos distintos varietales y la sorpresa es la evolución, inclusive en los espumantes. Esto se trata de encontrara el paladar del consumidor porque esta variedad va a hacer que el consumidor siempre nos premie.

¿Cuál es el panorama en nuestro país?

– Argentina, aun en un contexto de crisis, puede decir que está avanzando. No estamos paralizados, por el contrario se están dando inversiones y sigue la preocupación por la mejora en la calidad. La crisis nos ha impactado en cuanto a la revisión de las actividades que hacemos pero sigue habiendo inversiones y continúan las ventas prácticamente en niveles normales. Solo se cayó la venta de vinos a granel y de los mostos por razones estrictamente vinculadas o con el tipo de cambio o con consumo internacional.

¿Hay algo que les preocupa de la realidad vitivinícola actual?

– Estamos observando con preocupación la disponibilidad de vino tinto, cuyo problema es generalizado en todo el país. Hay que trabajar en una promoción del vino blanco porque las proporciones que se dan de consumo –de 75 por ciento para vinos de color y 25 para el blanco- no es racional con nuestro nivel productivo. Hay que mejorar la colocación del vino blanco en el mercado interno, sobre todo, porque a nivel internacional las proporciones son más racionales -60 a 40 o 60 a 30-. El stock que vamos a tener al final de año va a ser prácticamente todo vino blanco.

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