Durante la presentación del Consejo Regional de niñez y Adolescencia, el especialista Luis Claudio Celma compartió su experiencia de trabajo en Paraguay y Argentina.

El licenciado en Ciencias de la Educación, Luis Claudio Celma, fue uno de los oradores del pasado miércoles en el CIC de Colonia Caroya donde se puso en marcha el Consejo Regional de Niñez y Adolescencia. Como viene trabajando en la problemática desde 1996, tiene una experiencia vasta para compartir sobre el tema.

Viviste experiencias en otras latitudes donde los consejos de niñez ya funcionan y donde no sólo participa el estado sino las organizaciones civiles

– Lo más interesante en los procesos de los consejos es la presencia de niños, a diferencia de los consejos locales de desarrollo, o de mujer. Aparte de incorporar la reflexión compartida entre el estado y las organizaciones de la comunidad, se potencia la posibilidad de la presencia de los niños.
Esto introduce un elemento totalmente distinto a cualquier otra modalidad de consejo. ¿Por qué? Porque los adultos tienen que empezar a aprender a escuchar a los niños y encontrar los mecanismos a través de los cuales los niños puedan expresar aquello que afecta al cumplimiento de sus derechos. Y a poder entrar en interacción con adultos en una relación de igual a igual porque en ese lugar son pares. ¿Por qué no van a estar en los espacios donde se habla de ellos y de lo que es mejor para ellos?.

Pero se trata de niños que participan de estos espacios porque los padres los dejan participar.

– Obviamente que no estamos hablando de niños emancipados sino de niños que viven en nuestras comunidades y que participan (en un escenario ideal) en organizaciones de niños y vienen como representantes de esas organizaciones. Sin embargo, nos encontramos con que no siempre hay organizaciones de niños porque lo que se requiere es apoyar para que se generen esas organizaciones. Están los scouts, grupos ecológicos, centros de estudiantes, cuya identidad no es la de ser niños sino de trabajar por el ambiente, nos organizamos en la escuela, o para servir a la comunidad. Es interesante porque quiere decir que si se juntan hay una conciencia de generación que es distinta y cuando se encuentran con los adultos en el consejo su conciencia generacional se afianza porque se trata de una generación en diálogo con otra en la que está delegado el rol de tomar decisiones. En estos espacios se generan posibilidades de aprender a asumir la perspectiva del otro, de pasar de un rol sobreprotector a un rol protector en forma efectiva.

Organizaciones supranacionales como Unicef vienen pregonando la noción de un niño-ciudadano que no es aquel que vota cuando cumple 18 años

– El planteamiento es interesante porque podemos ver la ciudadanía sólo como el ejercicio del voto pero hay otras formas de ejercicio de ciudadanía en la que todos los niños son ciudadanos.
El tema es cómo hacemos para poder escuchar su voz para que ellos puedan expresar lo que necesitan, expresar lo que piensan y plantear y participar en los procesos de solución de los problemas.
Probablemente sea más fácil para un chico de 16 que para un chico de 10, o de 6, o de 3, pero esos son aprendizajes que estamos desarrollando. Hay muy pocas experiencias, por ejemplo, de participación política de niños en la primera infancia.
Por el contrario, es muy importante la participación de adolescentes y de niños escolarizados en relación a qué se puede hacer y que no se puede hacer.
Y que defiendan sus derechos o sus posturas o sus visiones y que, incluso, plantean soluciones creativas que a nosotros no se nos venían ocurriendo.

¿Qué pasa con los niños a los que no se les cumple nada de lo que les garantiza la Constitución?

– No quiero pregonar una visión idílica de los niños en el sentido de que saben todo, son creativos, o tienen todas las soluciones. Tienen que aprender y hay que exponerles a situaciones -con protección y seguridad suficientes- para que enfrenten todo tipo de realidades.