115 socios estaban habilitados para votar en la asamblea ordinaria de Alianza, pero participaron menos de 40. Hubo un animado debate pero al final se aprobó todo el orden del día.

Es difícil cronicar la vida de las instituciones sin caer en apasionamientos. El ensayo de los títulos no resulta sencillo cuando se piensa en instituciones como el club Alianza que estuvo durante muchísimos años envuelto en la duda y la sospecha.
¿Podría decirse que Alianza recuperó cierta normalidad institucional? Desde cierto punto de vista, sí. Porque los socios tuvieron nuevamente la posibilidad de participar de una asamblea, porque pudieron someter a votación lo actuado por las autoridades salientes, porque pudieron aclamar a la lista de las nuevas autoridades, y porque el conjunto de todas esas acciones forma parte del ejercicio que debieran tener todas las entidades deportivas.
El pasado cinco de agosto, los socios volvían a participar de una asamblea después de cinco años ya que la última vez había sido en 2004 cuando se aprobó la auditoría externa que fijó la deuda del club con la Mutual de Alianza en 360 mil pesos.
Desde entonces, las dificultades financieras impidieron abonar el costo de los balances anuales –se llegaron a adeudar siete- y el Consejo Directivo anterior eligió priorizar otros aspectos antes que desembolsar dinero para tener los papeles al día. Vale aclarar que esas prioridades que se fijaron estaban vinculadas al pago de salarios al personal del club e, incluso, al pago de la energía eléctrica.
Afortunadamente, aquel mal momento había sido dejado atrás y los socios se disponían a revisar un prolongado período de vida institucional. Sin embargo, lo que parecía un mero trámite de traspaso se convirtió en un, por momento, duro cuestionamiento a la gestión saliente.
Entre los asambleístas figuraba la mayoría de los integrantes de la gestión que acaba de hacerse cargo del club y su preocupación se centró en la cantidad de juicios que heredaron y en el pasivo de la entidad. Sobre esas dudas, algunas pudieron ser aclaradas y otras no ya que no participó de la reunión el contador que hizo los balances.
Sin embargo, las respuestas brindadas por las autoridades salientes pareciera que dejaron satisfechos a los nuevos porque se terminaron aprobando todos los balances atrasados y todas las memorias, aunque se leyó una sola de ellas, por moción de uno de los asambleístas. Quedó claro, también, que si hubiera motivo suficiente, cualquier socio podrá reclamar la impugnación de la asamblea dentro de los 90 días posteriores a esta asamblea.
Para la vida de la entidad, el que acaba de darse es un paso enorme en pos de recuperar la confianza de los socios y de la sociedad. Deja la gestión saliente varios flancos por los cuales cuestionarles y que tienen que servir para mejorar el presente y futuro del club a quienes los suceden en la responsabilidad de gestionar.
Pero también quedan para la institución un sinnúmero de obras de infraestructura que contribuyen a que el objetivo de auto financiarse no esté tan lejos. Si el club lograra independizarse de los ingresos por cuotas societarias y su funcionamiento deviniera de otras rentas, las cosas serían más fáciles para los dirigentes.