Aunque hay derechos universalmente reconocidos, muchos niños del mundo siguen en peligro o en situación de vulnerabilidad.

Antonio Carlos Gomes da Costa, pedagogo y autor de varios libros, plantea que hay que pasar de la afirmación: “la democracia es buena para los niños” a esta otra: “los niños son buenos para la democracia”.
Gomes da Costa escribe: “La gravedad de la situación de la niñez en Latinoamérica acabó colaborando en la creación y desarrollo, a lo largo de los años ochenta, de un movimiento social amplio y profundo alrededor de la promoción de la defensa de sus derechos”. Un movimiento amplio porque ha excedido el movimiento popular tradicional al involucrar sectores de las capas medias de la población e incluso algunos segmentos más conscientes y sensibles de las elites políticas y económicas. Es profundo por su capilaridad en la trama social, al alcanzar e involucrar a los grupos sociales más distantes de los centros del poder.
Esta capacidad de los niños, no solamente de disfrutar del proceso democrático, sino de ser la ocasión, el alimento del mismo proceso democrático que se extiende también a todo el abanico de los derechos humanos y no apenas a los de los niños es un punto que merece la mayor atención.
Son buenos, podemos añadir, para la realización de la política como proyecto, o sea para un modelo democrático de política. Se trata de rescatar y asumir la niñez como ciudadanía.
La niñez como ciudadanía representa un momento propulsor y una fuente de verdad de los que se alimenta el proyecto de la alianza, la refundación del conjunto de las instituciones públicas.
El Estado mestizo es el Estado que se alimenta también, y sobre todo, de esta ciudad de los niños, una ciudad que es una enorme metrópolis que casi llega a ser tan grande como la mitad de la humanidad. No podemos perder la riqueza potencial contenida en este proceso de refundación del Estado: están en juego no sólo los derechos de los niños, está en juego la existencia de la propia humanidad.
A pesar de la riqueza potencial de su aporte a la constitución de un Estado de ciudadanía plural, los niños siguen siendo objeto y no sujetos del derecho y de la política.
Sin embargo, el mensaje de la niñez como ciudadanía puede convertirse en el eje de una auténtica revolución cultural en la que, quizás, esté contenida la oportunidad para la transformación de la sociedad, para una sociedad más justa, más humana, más madura.
Estos son algunos de los conceptos vertidos en el documento de UNICEF “Justicia y Derechos del Niño”, un punto de partida para una verdadera reflexión a propósito del Día del Niño que se celebra hoy.
Nos debemos un debate sobre el lugar de la niñez en nuestra sociedad pero desde una perspectiva del enorme aporte que puede generar.

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