Por: Amílcar Ñáñez (Presidente del Concejo Deliberante de Colonia Caroya)

Una explicación sobre por qué los vecinos no quieren participar en política.

Parece una contradicción, pero no lo es. En los tiempos que corren en nuestro país donde el descrédito de lo que hace o dice la clase política tradicional, sólo crispa los nervios o nos hace cambiar de canal para no verlos ni escucharlos. Es una realidad.
Hasta allí no hay nada que no sepamos ya. Pero la situación en la que está sumergida la vida institucional de nuestro país, produjo en un sector de nuestra sociedad, una reacción desconocida hasta antes de la crisis de 2001. A partir de allí, hubo un cambio en la forma de ver y pensar el país en términos de nación, y eso logró que mucha gente que no había participado antes, comenzara a hacerlo por primera vez.
Es decir, aquellos hombres y mujeres que no dependen de un cargo público, que tienen su trabajo, su profesión y que sólo desean participar con el fin de mejorar la calidad de vida de nuestra vapuleada sociedad, ellos son los protagonistas de la política de los no políticos.
Son aquellos que no vacilarían en renunciar y volver a su trabajo particular, son aquellos que no necesitan los favores de caudillos o punteros de barrio.
Son los que no saben de hacer política en el llano y creen que con llegar y ocupar el cargo para el que se postularon alcanza para cambiar las cosas. Aquí es donde empiezan los problemas y donde se pone a prueba el temple de la persona que participa por primera vez en la vida política del país, sea cual fuere el cargo a ocupar.
Entonces sí habrá entrado de lleno en el fango del pantano de la política de hoy. Y deberá luchar con personajes que sí saben de elecciones perdidas y harán todo lo posible para aferrarse a sus privilegios y componendas. Que utilizarán todas sus mañas y harán gala de una verborragia manipuladora que dejara al no político con mas dudas que certezas a la hora de votar en el recinto por un proyecto u otro.
Todo esto es lo que deberá soportar un no político que se mete en política y deberá prepararse para no caer en el juego de la política tradicional sin embarrarse, lo que no es fácil.
Salvando las distancias, aquellos que tenemos el honor de ocupar un cargo en el gobierno de nuestra ciudad y que tenemos una visión un tanto romántica de lo que es la política al servicio del ciudadano y no al revés, muchas veces nos encontramos en la disyuntiva de cómo actuar frente a determinadas situaciones que se nos presentan.
A veces por ser demasiados frontales actuamos de una manera políticamente incorrecta y otras por hacer las cosas con cautela y a paso firme nos falta entrenamiento político.
Porque parece que la franqueza, la decencia, la prudencia y la honestidad, en política cotizan en baja. Entonces es allí donde los no políticos nos desilusionamos y debemos cambiar de estrategia, porque abandonar la lucha sería lo más fácil y rápido. En definitiva la respuesta siempre es la misma, la participación es la mejor forma de combatir la indiferencia sobre los problemas de nuestra sociedad y que para que los no políticos logremos nuestra misión, hace falta convicción, capacidad y coraje para lograrla.
Porque es nuestro compromiso terminar lo que empezamos y no claudicar jamás, cuando sabemos que el camino emprendido es el correcto.

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