Carolina Robino, una periodista de la cadena BBC Mundo escribió un lúcido artículo sobre las cosas que se pueden hacer desde el hogar para reducir la emisión de dióxido de carbono.

Hace unos años usaba bicarbonato de sodio como desodorante. Fue un poco después de la adolescencia, en días en que me sentía orgullosa de mi “despertar ecológico”.
Quería contribuir a hacer del planeta un lugar más limpio. Contaminar lo menos posible era mi lema.
No tardé mucho en descubrir que mi espíritu verde era más bien frágil. Sin darme cuenta volví a la rutina de las cremas y aerosoles de marca, dejé de fijarme en cuánta agua gastaba y ni se me ocurrió buscar una manera de reciclar mi basura, por ejemplo.
O sea, me convertí en una ciudadana promedio. Ahora el peso de la culpa me acosa.
Tras una larga discusión, el protocolo de Kioto entra por fin en vigencia y luego de renegar de los países que se han negado a firmarlo y obligada por mi labor de periodista a leer sobre la cuestión, confirmo que el aumento de la temperatura del planeta no es sólo culpa de las naciones industrializadas, sino que todos -o casi todos- tenemos nuestra cuota de responsabilidad.
Porque todos, usted y yo incluidos, producimos en nuestras casas y lugares de trabajo una cuota personal de dióxido de carbono (CO2), el más común de los gases con efecto invernadero que el acuerdo de Kioto pretende combatir.
¿Cuánto? Encontré una posible respuesta en un artículo publicado en el periódico británico The Guardian.
Mea culpa
Científicos de la universidad inglesa de East Anglia inventaron un sistema para medir la cantidad de CO2 que una persona común y corriente emite en su vida cotidiana.
Un reportero de The Guardian se sometió a la prueba y descubrió que cada día aporta a las atmósfera unos 14 kilos de CO2 sólo por usar calefacción central y el gas de la cocina.
La luz de las seis bombillas de 100 watts con que alumbra su casa libera 1 kilo más.
Sumando y sumando, el computador + la radio + el refrigerador + la plancha + el auto, el profesional llegó a una cifra triste: su cuota de CO2 llega a entre 5,5 y 8 toneladas anuales.
Debo confesar que pese a mis mejores intenciones yo no lo hago mucho mejor. Todo esto sin pensar siquiera otras “faltas ecológicas”, como el derroche de agua y el abuso de materiales no biodegradables.
Con el fin de mejorar mi evaluación navegué por la internet, leí libros y hablé con gente. El resultado es una pequeña lista de consejos prácticos para contribuir desde el propio hogar a los objetivos del protocolo de Kioto.

Kioto, qué puedo hacer

No se trata de quedarse a oscuras por ahorrar electricidad o de morir de frío y de hambre por no utilizar la calefacción o el refrigerador, pero todos podemos hacer algo para reducir
las emisiones de dióxido de carbono y de metano, uno de los principales objetivos del
Protocolo de Kioto.
La siguiente es una lista básica de consejos prácticos.
Electricidad
* Use bombillas de luz de bajo consumo: ahorran hasta un 75% de energía.
* No olvide apagar la luz cuando salga de una habitación o la luz diurna sea suficiente.
* Si tiene calefacción central, gradúe el termostato a unos 20 grados centígrados y abríguese un poco más dentro de la casa. Cada grado suplementario representa un 7% más de consumo energético.
* El consejo de abrigarse más sirve para cualquier tipo de calefacción. Si la que usa es a leña asegúrese de que ésta no sea de especies en peligro o, mejor aún, recolecte usted mismo ramas caídas.
* Use la lavadora llena : ahorrará agua y electricidad.
En la cocina
* No malgaste electricidad, hierva solamente el agua que necesita.
* Prefiera ollas a presión .
* Tape las ollas : el agua se calentará más rápido y consumirá un 20% menos de gas.
* Limpie regularmente los quemadores de la cocina: si se atascan consumen un 10% más de lo que debieran.
* Revise su calentador al menos una vez al año.
* Descongele el freezer: la escarcha crea un aislamiento que puede acarrear un 20% de consumo eléctrico suplementario.
* Compre alimentos de temporada e idealmente producidos en su localidad.

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