Ninguna de las acciones logró que se revise la decisión tomada.

Se intentó por todo tipo de vías, pero resultó imposible. Pareciera que de nada valió el abrazo simbólico a la Iglesia del Lote XI porque la Congregación de los Sacerdotes Pasionistas ratificó que discontinuarán su presencia en Colonia Caroya y la región desde la pascua del año próximo.
El provincial de la orden, Juan María Rosasco, estuvo tres días seguidos en la zona y mantuvo durante ese tiempo reuniones con el intendente Rodolfo Visintín, con los concejales Elena Marchetti y Gustavo Brandán, con el arzobispo Carlos Ñáñez, y con diferentes grupos de laicos.
La última petición para que la congregación revise su decisión de reubicar a los cuatro sacerdotes que misionan en Caroya en otros destinos se produjo en la noche del martes pasado, cuando pasada la medianoche Rosasco retornó a la residencia Pasionista de Buenos Aires.
Lo que los fieles que participan de la escuela de Biblia le pidieron al provincial fue la oportunidad de dialogar con el conjunto de los sacerdotes para exponerles los motivos por los que no deben irse de esta región, donde cumplieron 100 años de presencia ininterrumpida durante 2008.
La respuesta del provincial fue tajante en el sentido de que no le ofrecieron nuevos argumentos que no hubiesen sido tenidos en cuenta cuando la asamblea decidió priorizar el trabajo pastoral en otras comunidades de Argentina.
Para despejar dudas, Rosasco señaló que no se trata de un retiro definitivo de la orden y prometió un acompañamiento itinerante, con visitas periódicas a la zona para todo tipo de encuentros. Además, negó que vayan a desprenderse de ninguno de los bienes que la orden tiene aquí.
Rosasco se lamentó por la división que observó entre la propia feligresía pasionista y señaló que esa división no le hace bien a nadie, máxime en un momento tan tenso como el que se viene viviendo tras conocerse la noticia de la partida de los sacerdotes de la orden.
En sesión especial del pasado lunes, los concejales de Colonia Caroya declararon de interés público municipal al conjunto de propiedades que los pasionistas tienen en la ciudad, es decir, la iglesia, la casa de encuentros, y el CIC del Lote XI.
La decisión generó dolor en la comunidad y desazón en muchos fieles que no ven cómo se puede sostener una actividad pastoral sin la supervisión de un sacerdote.

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