Una explicación sobre el valor relativo que tiene la colección que el Museo Jesuítico guarda y que fue recolectada por el coleccionista amateur Jorge del Prato.

El Museo Jesuítico Nacional es el comodatario de una colección de 413 objetos arqueológicos que recolectó Jorge del Prato y que donó al municipio en 1990. Se trata de objetos y de restos funerarios que pertenecieron a aborígenes que tuvieron sus viviendas cerca del lecho del río Guanusacate.
Sin embargo, la ausencia de rigor científico en la extracción de esos objetos impidió que se puedan extraer valiosos datos de ellos. La opinión que avala esta afirmación proviene de la licenciada en Historia, Belén Domínguez, personal estable de la Estancia Jesús María.
“El objetivo central que tenía Del Prato era rescatar objetos. Eso me parece clave para entender. Y en ese rescate de objetos y en las técnicas que utilizó, se perdió la posiblidad de conocer y de hacer estudios posteriores sobre sus excavaciones no sobre los objetos en sí”, señaló la profesional.
Para Domínguez, es fundamental establecer una diferencia entre el trabajo de investigación arqueológica de un sitio donde uno establece conexiones entre niveles, entre objetos, entre cuadrículas cercanas y, por otro lado, el trabajo que hizo Del Prato que es de recuperación de objetos de la vida de esos primeros habitantes y de objetos funerarios.
“El objetivo de él era otro -indicó Domínguez- y tenía que ver con un momento histórico particular que permite explicar por qué personas tan preocupadas –porque él demuestra una gran preocupación por el pasado aborigen y estuvo conectado con personas importantes de Córdoba y el país- siguieron con una práctica más cercana al rescate de objetos que a estudios arqueológicos. En ese sentido, hemos perdido mucho”.
Es cierto que quedan los objetos que tienen un gran valor si se pone el acento en el valor que tiene el objeto como testimonio, aunque esté imposibilitado un estudio científico del objeto.
¿Qué debiera hacer la ciudad antes de decidir su exhibición?, surge como pregunta respecto de lo inaccesible que ha resultado la colección a la comunidad en estos casi 20 años.
“Estoy convencida que hoy sería pertinente que algún profesional de la Arqueología volviera a mirar los cuadernos de Del Prato, volviera a valorarlos. La Arqueología, como toda ciencia, ha producido avances importantes. Ameritaría volver a ver esa colección para rescatar un período que está soslayado de la historia local. Todos hablamos de los aborígenes cuando en realidad poco sabemos de su vida en la zona y son pocos los testimonios que hay sobre ellos. Pero amerita un trabajo de especialistas. Es una tarea pendiente con esa colección”, opinó Domínguez.
Muchos de los lugares donde Del Prato hizo sus excavaciones son bien identificables y podrían abrir el juego a ampliar esas áreas donde él trabajó, pero hoy se está en condiciones de no cometer los mismos errores que en el pasado.
“Que esto que nos sucedió como comunidad, no vuelva a acontecer. Es decir, que de ahora en más encaremos otro trabajo. Eso no quiere decir que hay que dejar el tema dentro del coto de los especialistas sino exigir que esos especialistas traduzcan esa información científica a la comunidad para que tenga un registro de su memoria. Jesús María está hoy en condiciones de poder llevar adelante ese tipo de trabajo y lo necesita”, concluyó.