La cama, la mujer y el libro


Por: Juan Manuel García Escalada (Psicólog Social, Docente)

Una reflexión sobre el valor de la lectura, sobre cómo se interpone en las relaciones interpersonales la computadora, y sobre los beneficios de abrazar la literatura.

Elizabeth me ha regalado un hermoso libro. Como corresponde a estos tiempos súper posmodernos, lo acompaña el CDRom. Pero a mí me gusta el libro grande, pesado. Es como un arcón donde se puede ir encontrando secretos en los cientos de autores de la literatura universal.
Maravilloso libro. Están los griegos: Homero, Demóstenes, Teócrito. El poeta persa Abú Nuwás, el argentino Martiniano Leguizamón, los estadounidenses James Baldwin y John Dos Passos, la sueca Selma Lagerlof, y el francés Boris Vian.
Cuando le preguntaron a nuestro Macedonio Fernández qué hacer una vez nacido, contestó:
“Nos entretenemos hasta que la muerte nos llegue. Hasta Jorge Luis Borges quería
imitar su escritura.
También Shakespeare y su Rey Lear: “Los hombres deben soportar tanto el avance como la llegada, la madurez lo es todo”. O la fina ironía de George Bernard Shaw cuando dice: “Estar enamorado significa exagerar desmesuradamente la diferencia entre una mujer y otra”. Aparece Mary Shelley, creadora de Frankenstein, quien dice sabiamente: “Soy malo porque nadie me quiere”… Perlas, brillantes, diamantes de la literatura universal en la cantidad de escritores que están impresos en el diccionario.
La literatura también tiene su estética. La escritura y la lectura nos cuidan y nos pueden salvar. Es a través de ese viaje hacia las más recónditas fronteras donde el hombre y la mujer en
cuentran respuestas a sus certezas e “incertezas” diarias.
Nos ayuda a construir seres humanos amplios y respetuosos de todo aquello que es diferente
de nuestro vivir cotidiano. Nos crea y nos recrea y nos madura porque los miedos son universales y las respuestas también, con sus particularidades. El maestro D. Ikeda expresa
con acierto aquello de: “La construcción de una sociedad en la que el ser humano viva dignamente requiere de líderes que conozcan la gran literatura”.
Si bien Platón supo quejarse de la escritura, porque decía que se perdería el sonido, el colorido
y la imaginación que da la narración oral. La palabra escrita nos salva, porque no se la lleva el “viento”, y al estar “quietas”, mantienen la vigilia de aquel que en la palabra se puede curar, porque no sólo la nombra sino que la puede escribir y mirar. Así, el miedo desaparece.
Mi amiga Rosi supo decirme que al regresar de un viaje encontró a su compañero en la
cama con otra. “Fue una gran decepción, Juan Manuel, no era una mujer, ¡era una computadora.
Qué vacío sentí en esa elección…!”.
He pensado, entonces, que a la cama se puede llevar: a) el deseo de dormir placidamente. b) el placer que da la compañía de una mujer. c) y un libro para meterse en la cama y viajar por
los inmensos mundos de la imaginación.
En todo caso, siempre ¡felices sueños!.

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