Hoy cambió mucho la relación entre médicos y bioquímicos, pero en 1970 era frecuente hablar de “participación de honorarios” que consistía en un retorno por parte de los laboratoristas a médicos por los pacientes que estos les enviaban. Esa relación poco ética fue denunciada en un correo de lectores que el Dr. Héctor Aguirre envió a La Voz del Interior y que reproducimos aquí.

Sr. Director: Ruego a usted la publicación en la sección “Carta de nuestros lectores” de las siguientes reflexiones dirigidas a mis colegas -los bioquímicos- y a los médicos.
Hace algún tiempo, veía por TV un programa de corte político dirigido por un prestigioso periodista especializado y en el que la audiencia era toda gente joven. Precisamente, destaco este hecho y, sobre todo, la palabra de uno de ellos que expresaba: “todos los males de nuestro país radican en la falta de moral y el exceso de deshonestidad”, y agregaba: “Si los argentinos hiciéramos uso de este concepto en el buen sentido de la palabra, nuestro país en poco tiempo sería un gran país y se nos respetaría: que la falta de patriotismo de la mayoría de sus habitantes, no nos lleva a esa posición de privilegio”.
Este pequeño introito sirve para dirigirme a todos mis colegas y también a todos los médicos del país.
¿Por qué no empezamos desde algún sector de la sociedad argentina y por qué ese sector no puede ser el nuestro?
Por qué debemos decir si otros son deshonestos. ¿Por qué no nosotros y no lo contrario?, y lavarnos las manos como siempre. En primer lugar, he de dirigirme a todos mis colegas. A los que trabajan con honestidad, sin participación de honorarios, a alentarlos para que sigan por ese camino. Estoy seguro de que son los más felices porque han logrado de esa manera, hacer una religión de su profesión. Sienten sin dudas el pacer inmenso de hacer el bien y ayudar al médico en la verdadera dimensión de su tarea; sienten, sin duda, placer en trabajar, investigar en cada paciente y colaborar con toda la fuerza en su cura; sienten, sin duda, y por fin lo hermosa que es la profesión que han elegido.
A aquellos que eligieron el mal camino, el erróneo camino de perder todas las posibilidades de que goza el verdadero profesional, que vuelvan sobre sus pasos, nunca es tarde.
Gozarán, sin duda, del inmenso placer de sentirse realmente útiles, necesarios para el médico y sus enfermos. Más de una vez he pensado en aquellos profesionales que dignamente se han recibido estudiando y a veces trabajando para poder hacerlo, y han perdido después de tamaño esfuerzo, tanta dignidad.
Creo personalmente que eran más felices y dignos antes de recibirse, que ahora que profesionales, toman el camino equivocado, lleno de desencuentros, vacío total, y frustraciones.
En la misma manera y con igual sentido, me dirijo a los médicos. Aquellos médicos con mayúsculas que sólo exigen del bioquímico, cada día y en cada paciente, lo mejor de su esfuerzo para su tarea específica (aliviar y curar sus enfermos), y que incluso, nos alientan en nuestra noble profesión: gracias, muchas gracias por ser así. Seguramente, entendieron en toda su dimensión el apostolado que para nosotros significa profesión al igual que los médicos que entendieron la grandeza de su juramento hipocrático y tienen una acabada idea de su vocación.
A quienes cayeron en la pequeñez de la participación de honorarios, me dirijo especialmente para que revean su conducta si es que creen que aún no es tarde y relean el introito de esta carta abierta.
¿Qué felicidad puede sentir un médico que sólo piensa en la parte material de su profesión? En “La historia de Saint Michele”, su autor, un médico, decía en una parte, “que en un momento dado de su carrera médica, se estremeció al sentir que su vocación tambaleaba ya que estaba explorando con mucho más cuidado la panza de un rico que la de un pobre”. Qué frustración para un médico cuando llega un momento en que es más importante el dinero que gana que la salud de sus enfermos.
En mi larga vida profesional, 34 años, he visto pasar a mi lado muchos médicos que sólo fueron el modelo de la frustración y, filosóficamente hablando, no vinieron a este mundo para quedarse; nadie los recordará jamás.
Qué bien les hubiese hecho leer “La Cuidadela” de Cronin. ¡Y si la leyeron, qué poco la imitaron!. Llegan incluso en su bajeza a rechazar análisis perfectamente elaborados con el agregado infame de que están mal hechos. Qué poco bien se hacen y cuánto mal le hacen a la medicina y a aquellos bioquímicos cuyo único pecado es profundizar en sus estudios para ayudarlos precisamente a ellos.
Seamos honestos y empecemos por los profesionales de este bendito país mío. ¿O es tan difícil?. Alguna vez la moral tendrá que ser nuestra carta de presentación en cualquier parte del mundo; seamos mejores cada día sólo con proponérnoslo. ¿o es esto una quimera? ¡Es tan fácil! Me entristece cuando veo como una frase hecha que el hombre honesto está tan sólo que hasta alguna vez piensa en dejar de serlo. Pero es obvio que el hombre sano espiritualmente es muy religioso y lo será en toda la extensión de la palabra, hasta el fin de sus días.
Estas líneas, lo digo una vez más, sólo tienen la intención de movilizarnos a ser mejores. Profesionales o no, y alguna vez tendremos que empezar. Que cada cual le de la interpretación que quiera pero estén seguros que fueron escritas con sinceridad. Recuerden que soy bioquímicos y no escritor.

Dr. Héctor Fernando Aguirre L.E. 3.225.958. M.P 014 Avda Juan B Justo 1243 . Jesús María (Córdoba)

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