Abriendo surcos en Jesús María


Seguimos compartiendo parte de la historia que está viviendo la Comunidad del Colegio del Huerto en su 150 aniversario. Segunda Parte.

Corría la década de 1890 cuando la Hermana Claudia Peña, religiosa del Instituto de las Hijas de María Santísima del Huerto, residía en la casa de la República Oriental del Uruguay.
Sus padres eran Doña Florinda Peña y Don Ignacio Peña, quienes vivían en Jesús María. La Hermana Claudia no se sentía bien estando tan lejos de sus padres.
Es por eso que su padre, movido por el deseo de que su hija viviera más cerca, donó por intermedio de su hermano, Don Cleto (quien por aquellos años era referente provincial del Partido Autonomista Nacional), la casa y el terreno donde muy pronto se levantaría el Colegio.
La única condición impuesta para concretar la donación fue que esta religiosa fuese trasladada a la entonces Villa de Jesús María.
Este hecho nos hace reflexionar sobre la presencia de la mano de la Providencia Divina en esta historia que estamos narrando: La historia de los 150 años de las Hermanas del Huerto.
El mismo matrimonio Peña se hizo responsable de los trámites para la radicación de las hermanas y la construcción del Convento.
Además, los esposos y su familia establecieron comunicación con personas de renombre nacional, lo que favoreció el logro de su deseo y a la vez contribuyó a ampliar el ámbito de servicio de la Congregación.
Cabe destacar que para entonces ya existía el Colegio Nuestra Señora del Huerto de la ciudad de Córdoba (fundado en 1873).
El colegio de Jesús María fue fundado el 8 de febrero de 1891. De este modo, Dios en su designio divino, iba abriendo caminos para la presencia de las hermanas.
Se abría el surco para sembrar en esta tierra las primeras semillas del Evangelio, junto con tanto laicos: padres, maestras, benefactores y colaboradores.
Acá, también es hora de recordar y agradecer . Todo esto no hubiera sido posible si los autores de esta historia no hubieran estado atentos al riesgo de lanzarse a algo nuevo.
Ahora, es fácil narrar esta historia, pero entonces implicaba muchos sacrificios, trámites, permisos y, sobre todo, la dedicación del propio tiempo y energía, como así también recursos humanos y materiales.
Por eso, esta obra es grande, porque los primeros fueron grandes. Y también esta obra es grande porque los actuales seguidores son grandes. Cada día se contagia el impulso de las personas que trabajan juntos: hermanas y laicos; adultos, jóvenes y niños. Cada día dan su tiempo y su compromiso de evangelizar.

Hna Graciela Isidori DNI 14.287.377

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