Por: Juan Manuel García Escalada (Docente, Psicólogo Social)

Los “asedios” son constantes en la vida de los hombres y mujeres. Fantasmas que se construyen desde sí mismos. Epícteto lo decía hace varios cientos de años: “No es el objeto lo que asusta; es lo que éste representa en la imaginación del que lo observa”. Por eso, nada mejor que culpar al otro. Deporte muy nacional parece ser este modo de encarar un diálogo de personas, ya no digamos adultas, sino personas a secas.
La sociedad cuestiona la preparación de los profesionales universitarios; la universidad deplora de los colegios medios; la escuela secundaria culpa a la primaria y ésta termina en contra de los padres. Círculo cerrado y vuelta a empezar.
La sociedad que hombres y mujeres han construido lo han hecho desde la imaginación. Grandes cosas se han logrado, no hay duda al respecto. Todo a partir del pensamiento. La naturaleza no construye barcos, casas, propiedades, naciones, bancos, ni capitales. Nos hizo a nosotros. Y nosotros hemos hecho, también, calamidades; hasta pretender ponerle una moral a la naturaleza y de definirnos como la especie superior; un psicólogo allí, por favor.
Cuando dialogar, conversar o debatir, implica qué es lo que representa el otro/a para llegar a definiciones; el miedo de mi interior me hace enfrentar a mi imaginario, a tal punto, que no lo quiero al diferente, lo odio tanto que: “armo una guerra y le tiro bombas para que no exista”. Miremos alrededor nuestro y los ejemplos sobran. Todas son contiendas por no aceptar y respetar al otro/a diferente. Lugar hay para todos, pero para el respeto y la diferencia solo a partir de “mi verdad”.
Desde la saga del Gilgamesh, los hititas, los griegos, los hebreos, Confucio, Lao Tse, siempre, el hombre y la mujer han estado en crisis. Los chinos tienen para “Crisis” la impronta de Oportunidad.
De manera que el mundo en su conjunto, humanos incluidos, se han dado siempre ocasiones para seguir viviendo en este bendito planeta Tierra.
Qué es lo que hace inédito el presente?. El hombre y la mujer aparecen como si ya hubieran llegado al máximo de su exploración mental. Genoma humano descifrado, todo lo que es científico ya no sorprende más, la cultura es una industria del espectáculo “revival” constante del pasado inmediato. Y el consumo ya no es atractivo.
¿Es curioso esto? Varias generaciones atrás descubrieron un modo de ver la vida a través de la mirada de una minúscula ventanilla. Era la lente de una cámara. Una cosa lleva a la otra y el presente nos ha transformado en una mundo de cineastas diarios que vemos una película constante a una velocidad que no puede la mente humana contener.
La catarata de información lo ha ido desbordando, y el inconsciente humano no puede registrar sólo lo que le interesa como hacemos nosotros en nuestra PC. Allí, seleccionamos. Nuestra mente registra todo. Y a una velocidad tan grande que no puede elaborar registros de definiciones y conlleva a vivir en un estado de ansiedad y angustia porque el derrotero de la información avasalla la conciencia que no tiene tiempo para seleccionar.
Padres que se han educado desde los inicios de los cambios tecnológicos hasta las presentes generaciones, han ido sufriendo estos efectos que los ha situado en distancias virtuales donde tiempo y realidad se confunden y nada tiende a ser veraz en lo que se observa en lo cotidiano del vivir. Los valores relativos de las conductas tienen que ver con esta manera veloz de vivir, sentir, pensar, actuar; parte del exceso superfluo de información que se maneja en el mundo, y que muchos interesadamente intentan hacer pasar como necesario “estar bien informado”. La caja negra del inconsciente es muy peligrosa para meterse sin ton ni son, además mister Freud lo había descubierto, que el inconsciente maneja al hombre y no él a la conciencia.
Los emporios informativos en el mundo han ido distorsionado la alquimia mental de las últimas generaciones y la importancia de ello es muy grande. Cómo enfrentar a esos poderes que día y noche, los 365 días del año, llegan de manera sutil, abierta, en emboscada, en dulces y esperanzados sueños a dañar las mentes de millones de personas hasta tal punto que el hombre y la mujer ya han perdido hasta la noción de supervivencia?.
Limitarnos a un simple pleito de culpabilizar a los padres es no permitirnos actuar como adultos. El debate debe ser responsable y profundo, sin filósofos cientificistas, ni representantes de verdades reveladas y culpabilizadoras.
No es sólo cuestión de cantidades de conocimientos que se puedan manejar, sino de entender que el saber es sobre todo: sabiduría interior, mirada interior. Y si se ha atacado el inconsciente humano habrá que buscar desde la mente, desde el espíritu, las respuestas para contrarrestar este presente que desconfigura las imágenes humanas y las junta todas, al decir de Discépolo: “… la Biblia junto al calefón”.

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