Mitad recuerdo, mitad fantasía


Seguimos retratando a los abuelos del Complejo para la Tercera Edad municipal cuyas historias fueron rescatadas por los alumnos de FORMARE, proyecto que lleva adelante la empresa MWM International Engines desde hace muchos años. Las historias fueron publicadas en un trabajo que llevó por nombre “Puentes de vida”.

Historia de Néstor Ponce

¡Tenía que defenderme! este desgraciado se estaba quedando con mi dinero. Había sido una noche larga y la suerte me había acompañado en las apuestas, las cartas estuvieron de mi lado y no había parado de ganar dinero.
Mi contrincante y viejo amigo había cobrado ese día un juicio ganado, pero sus billetes terminaron en mis manos tras varios partidos de truco. No iba a permitir que el comisario me robara mi pequeña fortuna, así que con la poca energía que me quedaba me dispuse a dar pelea y con la lengua un tanto adormecida por el alcohol comencé con los insultos.
Entre forcejeos y esquivadas se vio aparecer por el aire mi puño cerrado que rozó la mejilla del comisario, y en ese momento, cuando yo creía que la cosa se ponía buena y que mi victoria estaba a punto de anunciarse… me agarraron por detrás dos policías novatos, que no podían creer lo que veían. Mi osadía sí que había llegado lejos esta vez.
“No recuerdo mucho más de esa noche, pero sé que desperté en una celda en la comisaría con el cuerpo dolorido y el orgullo lastimado, yo no era de pelear pero esa noche la bronca se adueñó de mi cuerpo y mi mente”.
No sabremos nunca donde la fantasía se cruzó con la realidad en el relato de Néstor, pero él nos cuenta con sonrisas picaronas recuerdos borrosos de su juventud.
Nació en Cruz del Eje en el año 1939 y vivió junto a su familia en el campo trabajando la tierra y cuidando los animales. Sus palabras, matizadas con una tonada inconfundible, nos atrapan y nos transportan a sus días en el campo, donde junto a sus nueve hermanos aprendieron a combinar trabajo con diversión.
La pelota, las bolitas, los juegos de cartas, las riñas de gallo y la taba lo vieron crecer y algunos de estos juegos lo acompañaron desde su niñez hasta nuestros días. Corto fue el tiempo que asistió a la escuela, durante escasos dos meses se lo vio partir junto a sus hermanos rumbo a clases, pero abandonó; un poco por falta de entusiasmo y otro tanto porque era necesario que ayudara a su padre en las tareas del campo. De este modo aprendió, a partir de los siete años, a realizar diversos trabajos rurales… de madrugada se lo veía ordeñando vacas, luego alimentaba los animales de granja, cortaba leña, arriaba el ganado y así pasaban sus días.
Tras unos meses de cumplir 18 años debió tomar rumbo a Mendoza ya que había sido seleccionado para enrolarse en el servicio militar. En ese lugar fue donde la picardía y la astucia fueron surgiendo para poder burlar a los guardias y principalmente al comandante a cargo, y fugarse con amigos a comprar cigarrillos y a tomar algo sólo para pasar el rato.
Al regresar tarde era sabido que los esperaba un castigo, así que para intentar no ser atrapados se ocultaban en las alcantarillas. En el fondo sabían que siempre eran descubiertos, pero aun así continuaban haciendo lo mismo cuando el castigo anterior había finalizado.
Los padres de Néstor, Canciano y Pura, se entristecieron al verlo partir a San Nicolás, pero sabían que la oferta de trabajo en la plantación de aceitunas era muy buena.
Luego formó parte del personal estable de la fábrica, ya que en ese entonces sólo bastaba con la voluntad de trabajar. Más tarde la fábrica cerró y Néstor decidió establecerse en Jesús María para probar suerte abriendo su propio almacén, el que le dio muchas satisfacciones.
Hoy guarda en su memoria los mejores momentos vividos; entre ellos, los partidos de fútbol con los amigos de la infancia, y las nochecitas de tragos con sus compañeros del servicio militar.
La vida de Néstor y la de todos los abuelos que visitamos nos deja una conclusión muy clara y muy simple… somos memoria.
El hombre es lo que ha vivido y durante su vejez vive de esos recuerdos. El hombre hace su historia y no hay historia que no esté repleta de actos del hombre, con sus desventuras y sus grandezas.
Cada uno de nosotros tiene el gran desafío de generar estos recuerdos en su vida, para poder, en la vejez, vivir de nuevo a partir de memorias y compartir la sabiduría que deja la vida.
La clave está en vivir intensamente.

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