Quisiera compartir con los lectores este relato de Rubén López, un argentino que estuvo en Méjico durante estos días, en el “Méjico de la gripe porcina” donde fue testigo y víctima de las “soluciones” que plantean los poderosos del mundo ante esta nueva enfermedad.
Su testimonio me pareció una dosis necesaria de cordura, además de total humanismo y amor por la vida. Realmente, sus palabras nos tienen que servir a nosotros para no creerle todo a los dueños de la información, para no tener la sensación de vivir (¿vivir?) en un mundo gobernado por el miedo y la desconfianza hacia el prójimo.
Nuestra sociedad hiper-individualista, el “no te metás”, “el sálvese quien pueda”, nuestro desprecio por el otro, tienen muchísimo que ver con el uso de estos medios masivos de comunicación: verdaderas industrias de la mentira que aparte de producir enormes ganancias para ellos, producen millones de analfabetos políticos y psicosis colectivas.
Esto dice Rubén López en “Que no te convenza la influenza”:
¡No me van a convencer de otra cosa! México es bello, muy bello, sobre todo por su gente.
Me tocó vivir el México de la influenza. El festival de Cuenteros al que iba a participar fue vorazmente atacado por una “epidemia” catastrófica que destruyó todo en México: la irracionalidad llevada al máximo de una pandemia.
Desde que llegué el sábado 25 de abril, la OMS fue subiendo las alertas del amarillo al rojo. Llegó a fase 5, ¿para proteger a los mexicanos?. El gobierno de México y los medios masivos de comunicación sembraron el pánico cuando debieron sembrar el cuidado y la cordura. Quisiera creer que realmente fue para proteger al pueblo, pero… ¿realmente fue así?.
Las medidas de “cuidado” que tomó el gobierno y la cobertura amarillista de los medios de “información”, supuestamente para proteger a los mexicanos, generaron grandes perdidas en la producción, bajaron el PBI, generaron conflictos laborales y exacerbaron la discriminación. Tu vecino, por decreto de los medios, del gobierno y de la OMS pasó a ser tu “enemigo” y si no usabas barbijo eras ya un asesino.
No se podían reunir las personas, no te podías tocar, ni abrazar, ni mucho menos besar. Para evitar situaciones de contagio se cerraron las escuelas, sin prever que muchos de los chicos que no iban a las escuelas no tenían donde ni con quien quedarse, por lo que debían ser trasladados (antes de ir a trabajar) a casas de tías, abuelos o amigos (cuando se los tenía) en los medios de transporte (metro, colectivos, etc.) absolutamente congestionados de potenciales transmisores de virus del terror.
Cerraron los bares y restaurantes, pero la gente debía ir a trabajar y no tenía donde comer más que apiñados en los puestos callejeros de tacos, que no cerraron sus puertas por que no tienen, como tampoco tenían ningún tipo de “control sanitario”.
Los camiones militares circulaban por toda la ciudad repletos de militares armados con fusiles ¿para evitar aglomeraciones?, casi un estado de sitio.
La consigna era no salga a la calle, quédese en su casa viendo la tele, no se encuentre con nadie, no hable, no piense, no pregunte: calle y obedezca, el peligro está afuera, cualquiera puede meterte el virus. Todo un shock paralizante. Se puede hablar de epidemia, si, ¿pero grado 5? cuando los casos confirmados de muerte por este virus (mayoritariamente en situaciones de riesgo por embarazo, sida y antecedentes de problemas respiratorios) fue de 29 personas en un país como México cuya población, sólo en su distrito federal, es casi igual a la población de toda la Argentina.
La enfermedad tiene cura, si se detectan sus síntomas a tiempo y es tratada. ¿Por qué la OMS no declara pandemia al hambre que mata muchos mas niños por hora en el mundo? Pero declaró la pandemia y muchos en todo el mundo se rasgaron las vestiduras aterrados.
Muchos países cerraron sus puertas a México. El gobierno de Argentina fue uno de los primeros. No se podía esperar menos de un gobierno que vació sistemáticamente de insumos, equipamiento y profesionales capacitados a los hospitales públicos y despreció los reclamos de los trabajadores de la salud en las últimas décadas. Un gobierno que no supo (ni quiso) implementar políticas de prevención contra el Dengue no podía arriesgarse a que le “entre” este virus, ignorando letal y estúpidamente que un virus no viaja sólo en los vuelos directos de México a Buenos Aires.
Destruyeron la economía de un país destruyendo la confianza en el otro de un pueblo, el pueblo mexicano, y la confianza de los pueblos del mundo hacia el pueblo mexicano.
De corazón le pido a la OMS, los gobiernos de nuestros países y los medios masivos de comunicación que no me cuiden. Prefiero cuidarme solito, aceptando los riesgos que ello implique. Si llego a sentir algún síntoma de cualquier enfermedad, iré al médico urgente, por mi y por los míos, pero que los gobiernos y los organismos internacionales de salud no me “cuiden” ¡por favor! y respétenme, como no lo hicieron con el pueblo mexicano a quien le faltaron el respeto presumiendo que no tendrían la suficiente capacidad, madurez e inteligencia como para informarles adecuadamente las medidas de precaución que debían tomar para cuidarse entre ellos mismos.
¿Qué hizo el pueblo mexicano? Primero se asustó, quien no, si te apuntan a matar. Pero luego comenzó a reírse de la muerte, como lo viene haciendo desde antes de la conquista. Aparecieron los barbijos dibujados sacándoles la lengua, las canciones y los videos de you tube. El humor caminó de la mano con la cordura y con la salud. ¡Qué gran pueblo estos mexicanos!.
Pero en medio de todo esto llegamos al Distrito Federal un grupo de cuenteros desde Brasil, España, Venezuela, Camerún, Colombia, de diferentes estados de México y yo de Argentina, para participar de dos festivales de narración. Nos encontramos una ciudad “sitiada”, por la locura más que por la fiebre, y sin tener un espacio para contar nuestros cuentos. Gracias al esfuerzo de los organizadores pudimos llegar a algunas radios y contarles historias a los mexicanos, pero también nos cerraron las puertas por que debían emitir los comunicados que seguían sembrando el terror en la gente.
Nuestros anfitriones movieron cielo y tierra para contenernos y cuidarnos, nos dieron su afecto y comprensión. ¿Que hicimos los cuenteros invitados? Apelamos a los cuentos, los que siempre nos han salvado, y nos contamos historias, y nos emocionamos y nos reímos, y nos dimos cuenta que jamás estará muerto quien apuesta a la vida. Abrimos nuestros corazones a las palabras y nos dejamos atravesar por ellas, encontrándonos en las miradas y los abrazos…

Rodrigo Cháves
DNI 28949312