Más historias de abuelos del Complejo para la Tercera Edad que fueron recopiladas dentro del marco del programa FORMARE de la empresa MWM International.

Historia de Julián Martín Lobos

Nació en Capilla de los Remedios, Río Primero, el 22 de marzo de 1931. Julián tuvo una infancia triste. No conoció a su padre y a los 4 años falleció su madre.
Él y sus hermanos fueron repartidos y le tocó ser enviado a un orfanato en la ciudad de Córdoba: “Un niño no puede solucionar nada, la única alternativa es obedecer”, contó. Fue recogido por una familia de El Quebracho y a los 10 años logró escapar de los maltratos que allí recibió.
Entre varios intentos por escapar a su destino, llegó a la localidad de Toledo, a una casa a pedir agua y la familia lo recogió y lo envió a la escuela. Tenía 14 años y sentía vergüenza porque los demás alumnos eran chiquitos y la maestra muy bajita. Iniciando la juventud iba a bailes familiares en el campo, organizados en carpas y con faroles a querosene.
A los 18 años, decidió trabajar fuerte y lo hizo en obras de construcción y con una empresa constructora llegó a Jesús María para levantar un barrio cerca del cementerio. Se casó a los 41 años y no tuvo hijos. Ella era una señora muy mayor y demasiado celosa. Por eso, después de un tiempo decidieron separarse. Buscó trabajo por otros lugares pero finalmente retornó a Jesús María.
Luego de sufrir un ataque cerebral, ingresó al Complejo donde Julián siente vivir muchos momentos felices. Y, entre las cosas insólitas y mágicas de la vida, después de 73 años desde que falleció su madre, Julián pudo encontrarse con sus sobrinas y con una hermana que tiene 84 años y vive en Arroyito. Para el día de la madre (2008) vinieron a buscarlo y se dio el feliz reencuentro.

Historia de Teresa Rovacio

La historia que vamos a contar está llena de sacrificio y entrega. Por los relatos rescatados, bien podría tratarse de una historia exclusivamente de amor.
Se trata de una mujer trabajadora, bondadosa, muy abocada a su esposo. Una persona que siempre tomó cada episodio de su vida con alegría, entusiasmo y una buena sonrisa.
Su nombre es Teresa Lucía Rovacio. Nació en la zona rural cercana a Laguna Larga, 82 años atrás, donde vivió hasta los 17 años, momento en el que su historia tomó un rumbo diferente por el resto de su vida.
Durante su infancia, disfrutó junto a sus padres y a sus seis hermanos -a quienes recuerda con afecto- las tardes de juego en sus tiempos libres.
La relación con sus padres era muy diferente a la que podemos ver en estos tiempos. Ella no se animaba a conversar sobre algunas cosas de las que tenía duda “no imagino como hubiese sido poder conversar con ellos sobre cada cosa que me iba pasando”…
En estas épocas, el trabajo era más importante que la escuela. Teresita comenzó a trabajar a los 7 años y tuvo una maestra particular que le enseñó a leer y escribir. Su trabajo consistía en ayudar a sus vecinos y construir huertas.
De pronto, a los 17 años conoció a la persona que la acompaño a lo largo de su vida y hasta el día de su muerte. José Ausello se llamaba y Teresa lo recuerda como si nunca se hubiese ido de su lado.
A los 21 años nacía el primero de los 7 hijos, fruto de este amor. El “Gringo Loco”, como lo llama, era una persona sumamente celosa, pero ella encontraba que era una forma de demostrar su cariño, exigiéndole permanecer siempre a su lado.
Junto a él, compartieron momentos que recuerda como los más importantes de su vida. Las salidas al cine, a los bailes y la compañía de José para mirar una y otra vez sus películas favoritas de “Jorge Negrete”.
Ella aceptó casarse y mudarse a Pilar. Sintió mucho pesar al dejar su lugar y extrañó mucho a su familia, pero su entrega le impidió tomar una decisión contraria.
Ella piensa que dejó muchas cosas por su esposo, pero la entrega por amor de esa manera es cosa de otro tiempo. Hoy algunos de sus hijos ya se han separado.
También le hubiese gustado poder hacer algunas cosas de su gusto personal, que a José no le gustaban en lo absoluto.