Por: Romina Ardiles *

* Licenciada en Psicología, Profesional a cargo del Gabinete Psicopedagógico del IPEM 294 “Jesús María”, Docente de Cátedra Psicología Evolutiva de la Adolescencia y Juventud, Facultad de Psicología- U.N.C.

Es un hecho indiscutible que los cambios producidos en las condiciones sociales, económicas y políticas -en el mundo contemporáneo- repercuten en todos los ámbitos de la humanidad. Uno de los temas más preocupantes es el impacto que estos cambios han tenido en la enseñanza.
Las nuevas condiciones de vida han llevado a reconceptualizar todo el sistema de valores sociales y personales en que se asienta todo el sistema educativo. El trabajo en los colegios está sujeto a más demandas y de mayor complejidad. Se añaden temas que no sólo tienen que ver con lo curricular, sino que involucran lo individual y personal.
También hay que enfrentarse al cuestionamiento de las certezas, ante un mundo que cambia constantemente.
Lo escolar está relacionado con contextos o sistemas que al mismo tiempo le condicionan y determinan.
Los alumnos habitan en un mundo que promulga el valor de lo individual, la satisfacción inmediata, la exaltación del consumo, el bienestar asociado a los sentidos; estas circunstancias aumentan la probabilidad de que niños y adolescentes manifiesten algún comportamiento disfuncional y que pueda provocar consecuencias negativas en lo personal y comunitario.
Una de las problemáticas más frecuente es la violencia en la escuela y hacia la escuela, teniendo en cuenta la importancia en el desarrollo del ámbito escolar por ser el sitio en el que niños y adolescentes habitan gran parte del día.
Por ello, consideramos de fundamental importancia contribuir a que el contexto educativo optimice y potencie sus recursos para prevenir conductas problemáticas entre sus miembros. Coordinando los recursos existentes con una red interdisciplinaria que permita la asistencia y contención necesaria.
La escuela en su función se define no sólo por su finalidad pedagógica, también por la trama vinculares que se entretejen en dicha institución: Enseñanza y Aprendizaje suponen complejos procesos de intercambio entre personas y es importante considerarlo para el análisis institucional.
Por lo tanto, es imposible pensar el fenómeno de la violencia y convivencia escolar si no tenemos en cuenta que es trabajar EN la institución y DESDE ella HACIA la comunidad escolar toda.
Por otro lado, se hace necesario remarcar que en el espacio escolar se expresan elementos que configuran la violencia presente en el entorno social en que se encuentra inmerso el escenario educativo del país y del entorno inmediato en la que se halla inserta, siendo casi inevitable la reproducción hacia el interior de las instituciones de las manifestaciones de la violencia social. Entonces, entender la violencia y apuntar a su transformación implica renunciar a una mirada que se centre en lo sintomático e individual, para reconocerla como un hecho psicosocial, político y cultural.
Desde esta realidad, de las instituciones educativas y en este contexto social, nos cuestionamos acerca de las formas de Convivencia que la escuela genera, constituyéndose en un desafío la producción de condiciones institucionales más saludables que propicien mejores condiciones de vida y reduzcan las situaciones que estimulan la violencia en toda la comunidad escolar.

Para trabajar en la escuela…
Desde el gabinete psicopedagógico se propone un modo de intervención a través del cual promover una convivencia saludable entre todos los miembros de la institución, a través de estrategias de trabajo conjuntas.

Modelos de orientación
Sugerir procesos y procedimientos concretos de actuación en el aula.
Dar al alumnado más protagonismo en su propio aprendizaje, adecuando dicho papel a las características y tareas básicas de cada edad.
Enseñar a detectar y combatir los problemas que conducen a la violencia, de forma que se comprenda como un problema que afecta a todo el mundo y no sólo a sus víctimas más visibles, contra el cual se puede y se debe luchar; adquiriendo al mismo tiempo las habilidades necesarias para no recurrir a la violencia ni ser su víctima.
Potenciar la colaboración entre la escuela y la familia.
Incorporar innovaciones educativas que, adecuadamente aplicadas sobre cualquier contenido o materia, puedan contribuir:
Discusiones y debates entre compañeros sobre distintos tipos de conflictos (los que se producen en el centro educativo, los históricos o los que se reflejan los medios de comunicación)
Experiencias de aprendizaje cooperativo en los que alumnos y alumnas aprendan a investigar, enseñar y aprender con compañeros y compañeras que son al mismo tiempo iguales pero diferentes.
Experiencias sobre procedimientos positivos y eficaces de resolución de conflictos, a través de los cuales puedan aprender a utilizar la reflexión, la comunicación, la mediación o la negociación para defender sus intereses o sus derechos.

Hay que Potenciar
Autoconocimiento: Conocer las propias motivaciones.
Autocontrol: Manejar las emociones.
Automotivación: Motivarse a sí mismo.
Empatía: Reconocer las emociones de los demás.
Habilidades Sociales: Arte de establecer buenas relaciones con los demás.
En la escuela pasamos gran parte de nuestra vida, y por eso es un importante espacio para la construcción de modelos de convivencia, a través de la enseñanza y el aprendizaje cotidiano de valores, como por ejemplo la solidaridad, la participación, la comunicación y el respeto por los demás.
Por tal motivo, todos los que formamos parte del IPEM 294 venimos trabajando para prevenir conductas problemáticas entre sus miembros, para favorecer un clima de armonía y diálogo, y para mejorar la convivencia en la escuela.