Por Gustavo Brandán *
* Concejal de Colonia Caroya

En estas últimas semanas, estamos asistiendo en nuestro país, a un profundo debate sobre la necesidad de reformular las políticas de estado referentes a la seguridad.
Este tema está presente en los títulos de todos los medios de comunicación, quienes día por día van cronicando los diferentes hechos que deben sufrir los ciudadanos de este país.
Sin embargo, es un tema demasiado profundo como para tomarlo a la ligera y con soluciones simplistas, que no buscan soluciones de fondo sino más bien dar respuesta desde el oportunismo político, típico de una campaña electoral que ya ha comenzado.

Debate pseudo-ideológico
La inseguridad ha sido un problema que hasta ahora se ha tratado desde una errónea concepción, ya que se lo ve como un tema de la “derecha” o un tema de la “izquierda”.
Así las cosas, la derecha critica salvajemente a todos aquellos que defienden los derechos humanos calificándolos peyorativamente de “garantistas”. Sin embargo, la gente de derecha se olvida que fue justamente la ideología liberal la que por primera vez estableció la vigencia de los derechos fundamentales del hombre en la Revolución Francesa.
Por otra parte, cierto sector de la izquierda, nos dice que la gente que reclama por más seguridad, son “autoritarios” o “fascistas”; cuando justamente estos ciudadanos están ejerciendo uno de los derechos humanos fundamentales, como lo es el de “peticionar ante las autoridades” y exigir que el estado cumpla con una de sus funciones básicas; ejerciendo el poder de policía que la ciudadanía ha depositado en él.

Famosos que no resisten un archivo
Como no nos bastaba esta falsa dicotomía pseudo-ideológica, tenemos que soportar la hipocresía de artistas y personajes de la farándula criolla que instalan el tema de la pena de muerte como una “solución mágica” a todos los males de la inseguridad.
Susana Giménez, es quizás la cara visible de este sector. Es la misma persona que en reiteradas ocasiones tuvo problemas judiciales por evasión impositiva, o más claramente por “no pagar sus impuestos”. Basta con recordar que utilizó franquicias para discapacitados para adquirir un vehículo importado, que luego lo tuvo que esconder en el granero de una estancia. Felizmente, en ese momento nadie pidió pena de muerte para los que realizan actos de este tipo. Menos mal, sino ¿quién hubiera reemplazado a la gran diva de la televisión?

Todas las formas de la inseguridad
Los robos, los asaltos y las muertes, son la parte más terrible de la inseguridad. Pero hay otras aristas que no siempre son tenidas en cuenta pa-ra abordar este tema en for-ma integral.
Cada vez que se habla de flexibilizar el trabajo, eso también es una causa generadora de inseguridad. Si a una persona le pagan un salario justo, y no la tuvieran en negro ¿tendría necesidad de robar?
Si un joven tiene un trabajo estable y no como pasa ahora, que lo tienen tres meses a prueba y luego lo echan, ¿tendría necesidad de drogarse?
Si un niño se forma en un hogar plagado de violencia entre los padres, ¿Podemos esperar que no sea violento?
Bajar la edad de imputabilidad, y poner tras las rejas a niños cada vez más chicos, ¿Será una solución? ¿O estaremos depositando personas en lugares en donde se transformarán en peores delincuentes en el futuro?

De eso no se habla
En todo este embrollo de palabras -Sí, palabras porque no pasa de eso- nadie habla del tema del narcotráfico. Nadie nos explica por qué la Argentina hace muchos años que dejó de ser un país de tránsito y pasó a ser un país de consumo. Nadie se anima a hablar de que la droga es un tema que no sólo afecta a las clases sociales pobres, sino que también se da en las medias y en las altas; y que no existe ningún tipo de control. Nadie se anima a denunciar fehacientemente la connivencia del narcotráfico con todos los sectores de poder, no sólo el sector político sino el sector económico. Nadie se anima a explicar porqué en las grandes ciudades hay verdaderos “guetos”, en donde los pobres están exterminando su vida a causas de las adicciones, y que son los chicos ricos los que muchas veces, visitan esos lugares para comprar la falopa, y hacer uso de esa pobre gente, ya sea como traficantes o como prostitutas para sus fiestas.

Las palabras claves
Frente a esta problemática hay tres palabras que son claves: Educación, Familia y Justicia.
Decimos que es importante la educación, porque sólo a través de ella solucionaremos el problema de la inseguridad. Si logramos que todos los chicos terminen el secundario y dentro de cada colegio estén contenidos tanto intelectualmente, como socialmente, no tendría razón de ser la delincuencia. Si la escuela vuelve a ser la mejor opción para niños y jóvenes, estaremos salvados. Si, por el contrario, tenemos una escuela que expulsa, que es incapaz de contener, el futuro será peor que este presente.
También hicimos alusión a la Familia, porque con la escuela solamente no basta. Es necesario que se recupere el rol del padre y de la madre. Roles estos que se han ido perdiendo, a causa en gran parte de las sucesivas crisis económicas que ha sufrido este país, las cuales han obligado a los padres a tener que pasar gran cantidad de horas fuera de su casa, para ganarse el sustento diario.
Por último, decimos que es necesario recuperar la Justicia, la cual no sólo la debemos entender en los fallos que dictan los jueces, sino también en las políticas que realiza el Estado; las cuales deben ser políticas que se basen en la equidad, buscando favorecer siempre a los sectores más desprotegidos.
Si, por el contrario, tenemos un Estado que sólo da beneficios a los poderosos es imposible pensar en una sociedad justa. La desigualdad y la injusticia son las mayores amenazas para la paz social.
Afianzando el significado de estas tres palabras: Educación, Familia y Justicia, comenzaremos a cambiar la realidad que nos rodea.
Al cambio lo tenemos que hacer entre todos: gobernantes y gobernados. Porque en este tema hay que aplicar el mismo eslogan de la propaganda de un conocido supermercado referente al uso de las bolsas plásticas: Somos todos inocentes, somos todos culpables.