Desde 1970, se viene celebrando cada 22 de abril, el Día de la Tierra. Pero no tuvo repercusión en nuestra zona y pasó sin pena ni gloria.

Muy pocos lo saben o muy pocos lo recuerdan pero lo cierto es que, desde hace 38 años, cada 22 de abril se celebra el Día de la Tierra, fecha que en nuestra región pasó sin pena ni gloria y en la más absoluta discreción. La tendencia generalizada es pensar que se trata de una fecha más que aprovecharán los ambientalistas para fustigar a la sociedad con los temas que les preocupan.
Pero es interesante investigar su génesis para darse cuenta que se trata de la primera voz de alerta mundial sobre la necesidad de proteger el planeta que nos alberga. Y, curiosamente, la iniciativa de que haya un Día de la Tierra es mérito de un político norteamericano, el senador Gaylord Nelson.
En 1962, Nelson comenzó a hacer “lobby” político para que la problemática ambiental forme parte de la agenda gubernamental del entonces presidente John Kennedy, pero tuvieron que pasar varios años, de trabajo social y político, hasta que en 1969 pudo aprovechar el ímpetu de la airada protesta civil contra la guerra de Vietnam para convocar a una gran manifestación popular donde las personas de Estados Unidos pudieran expresar su preocupación por el manejo del ambiente.
En noviembre de ese año, el diario New York Times publicó: “La conciencia sobre la crisis medioambiental está arrasando los campus universitarios con una intensidad sólo comparable con el descontento con la Guerra de Vietnam… por ello las oficinas del senador Gaylord Nelson planifican un día nacional para conversar sobre los problemas medio ambientales… para la próxima primavera.” Así, en 1970, el 22 de abril (equinoccio de primavera en el hemisferio norte) se celebró por primera vez el Día de la Tierra. Más de 20 millones de personas respondieron a la convocatoria, estableciendo en sus comunidades, universidades y colegios, una plataforma de difusión y discusión sobre el medio ambiente y sus principales problemas.
La presión social tuvo sus frutos y, ese mismo año, el gobierno de Richard Nixon creó la Agencia de Protección Medio Ambiental (EPA, en inglés), con la misión de proteger el ambiente y la salud pública. Asimismo, el congreso norteamericano promulgó el Acta del Aire Limpio (Clean Air Act) con el objetivo de establecer estándares seguros sobre calidad del aire, emisiones y polución contaminante. También se fundó la Red del Día de la Tierra (EDN, en inglés), que promueve la celebración del día de la Tierra como una instancia de reflexión y acción en favor del ambiente. Esta red busca favorecer el compromiso cívico de los escolares, educar a los ciudadanos como consumidores responsables y movilizar a los medios de comunicación, a las escuelas y a los gobiernos locales en torno a acciones de protección medio ambiental.

La generación verde
El tema elegido para este año fue la generación verde, una iniciativa que culminará con el 40 aniversario del Día de la Tierra, en 2010.
El principal postulado de la generación verde es “familias con molinos de viento: energía renovable para las futuras generaciones”.
Un futuro libre de dióxido de carbono, basado en la energía renovable, que pondrá fin a nuestra dependencia de los combustibles fósiles, incluyendo el carbón.
Un compromiso del individuo con el consumo responsable y sostenible.
Y creación de una nueva economía verde que saque a gente de la pobreza creando millones de empleos sostenibles y que transforme el sistema educativo global.

Salvar lo que queda
Una cosa es segura: muchos daños que se le han hecho a nuestro planeta no se pueden revertir. De hecho, un animal que se extinguió no se puede resucitar y nada parece frenar el aumento en el tamaño del agujero en la capa de ozono.
Sin embargo, muchas acciones son todavía posibles, principalmente las que tienen que ver con el manejo de los residuos, con la generación de materiales biodegradables, la utilización de nuevas fuentes de energía no contaminantes.
Ya estamos viendo las consecuencias que han generado en el clima (inviernos que llegan cada vez más tarde, y temperaturas cada vez más altas) todas las manipulaciones inadecuadas por nuestra parte.
Habrá que asumir un compromiso con las generaciones por venir, para que reciban una tierra que siga dando frutos, que nos cobije del sol, donde el agua no sea un bien escaso, donde los árboles sigan conteniendo a las aves, donde los montes sigan prestando la infinidad de servicios ecológicos que brindan. Una tierra donde se pueda vivir dignamente.