Por: Luis Pastawski *

* Odontólogo, vecino de Jesús María

En un trabajo de investigación del Laboratorio de Embriología Molecular, dependiente de la Universidad de Buenos Aires ( UBA ) y del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), se determina que el plaguicida glifosato, usado en los cultivos de soja transgénica, es altamente tóxico y genera malformaciones en embriones y se hace hincapié en la urgente necesidad de limitar su uso.
Este estudio se puso en conocimiento de la opinión pública en una nota del diario Página 12 del lunes trece de abril del corriente. También, en relación al glifosato, en el periódico Hoy la Universidad de nuestra Universidad Nacional de Córdoba, de fecha 12 de octubre de 2008, la investigadora María Franci Álvarez habla de la necesidad de plantear el “principio precautorio”: cuando una actividad representa una amenaza o daño para la salud humana o del medio ambiente hay que tomar medidas de precaución limitando su utilización.
Qué notable diferencia en la acción de los organismos del estado, entre la difusión de la amenaza latente que lleva el zumbido de un mosquito y la posibilidad de contraer dengue con su picadura y la “no difusión” de la amenaza latente que conllevan los miles de litros de plaguicidas (glifosato) diseminados por otros “mosquitos fumigadores”.
¿Por qué esta diferencia?
Será que el eliminar el terrible “mosquito del dengue”, indicador de nuestras más miserables miserias, nos redime con ese primer mundo del cual soñamos participar.
Será que controlar las sustancias esparcidas por los otros “mosquitos” nos enfrenta con los fuertes intereses económicos de ese primer mundo con el cual sería mejor ni soñar.
“Frente a la miseria, la tristeza, la angustia y el infortunio social de los pueblos, los microbios, las bacterias y los virus, como causas de enfermedad, son unas pobres causas”, dijo alguna vez Ramón Carrillo, primer ministro de Salud de nuestro país.
Ninguno de los mosquitos se interesa por la filiación partidaria ni por la ideología de los afectados. Siembran terror en patrones como en empleados, en derechas como en izquierdas. Necesitamos volver urgente a pensar en los verdaderos problemas del país, como el de la “salud pública”. ¿Se necesitó del zumbido de un mosquito para advertir como estamos? ¿Tenemos que esperar episodios siniestros y generalizados para escuchar lo que una comunidad científica independiente nos intentan hacer oír?
Se debe garantizar desde el estado el derecho de “precaución ante el riesgo”, venga ese riesgo por un virus, bacteria, glifosato, cianuro, dioxinas, mercurio ó como se llame… Sería un posible comienzo para un “debate ideológico” rumbo a las próximas elecciones, en una Argentina que busca recrearse en su camino al Bicentenario…