Por: Víctor Ducló

* Concejal de la UCR en Colonia Caroya, Médico Veterinario, productor pequeño de carne.

Durante años y décadas los productores rurales han asistido (con pasividad, fatalismo y hasta resignación) a la reiteración de las siguientes distorsiones que ocurren en las cadenas agroalimentarias:
1) Suben los precios de los insumos agropecuarios y, como consecuencia, los costos de producción pero los precios que los productores reciben en la venta de las cosechas no aumentan en la misma proporción; lo mismo ocurre en la producción ganadera.
2) Cuando sus cosechas son abundantes bajan los precios que los agricultores reciben por sus productos, pero tal reducción no necesariamente determina una rebaja en los precios que los consumidores finales pagan en los supermercados.
3) Los precios de los fertilizantes y pesticidas aumentan supuestamente porque subió el precio del petróleo y el valor del dólar, pero cuando estos dos últimos vuelven a sus niveles normales, los precios de dichos insumos agrícolas no disminuyen.
4) Bajan los precios que los intermediarios les pagan por el trigo, por la soja, por la leche y por el ganado bovino, porcino vivo, por las frutas, pero ellos nunca ven que en los supermercados bajen los precios de la harina y del pan, del aceite y de la margarina, del queso y del yogurt o del jamón y de las salchichas. Alguien se está apropiando de estas ganancias y ese alguien nunca es el productor rural.

El camino para corregir
Como consecuencia de estas desfavorables relaciones de intercambio, los productores se ven obligados a entregar una creciente cantidad de sus cosechas y productos para poder adquirir una misma cantidad de insumos y de servicios; porque el poder de compra de sus “commodities” es cada vez menor.
Aquí reside una muy importante causa del empobrecimiento de los productores rurales pequeños y medianos que es necesario corregir y que, afortunadamente, ellos mismos pueden hacerlo. Excepto si se aplica la resolución 684/2008 del Oncca porque, si realmente se aplica esta normativa, “ni maíz para las gallinas se podrá tener”.
Los productores pequeños y medianos están defendiéndose pero aún les falta hacer. Lo más importante: tomar conciencia de la dependencia en que entramos con el cultivo de semillas transgénicas y su paquete tecnológico, a informarse y capacitarse, solicitar a quienes los representan se discutan otros tipos de políticas, que no provoquen el éxodo rural y el empobrecimiento social de nuestros pueblos.
Para contrarrestar el deterioro de sus ingresos, provocado por esta expropiación de sus ganancias, los productores están aumentando la escala de producción, incrementando los rendimientos por unidad de tierra y de animal y reduciendo los costos por kilogramo producido; es decir, están adoptando medidas adecuadas que deberían incrementar sus ingresos.
Sin embargo, el premio por esta mejora en la eficiencia, en vez de beneficiar a quienes realmente lo merecen (los productores rurales), es absorbido por los crecientes eslabones de las cadenas agroalimentarias. Porque, desde que los insumos salen de las fábricas hasta que los alimentos llegan a las estanterías de los supermercados, existen cada vez más y más fabricantes de nuevos insumos, prestadores de nuevos servicios, intermediarios, procesadores de materias primas agrícolas, consultores de mercado y agentes de comercialización, empresas de publicidad, entre otros.

Los verdaderos beneficiados
Casi todos estos integrantes de las cadenas agroalimentarias, viven de las riquezas producidas por los agricultores. Como existen cada vez más eslabones “chupando” algo de la sangre del productor rural es evidente que este se vuelve económicamente cada vez más “anémico”.
Desafortunadamente, esta creciente expropiación ya es tan familiar a los productores en sus relaciones de intercambio, que ellos creen que están condenados a convivir con ella y que no pueden hacer nada para eliminarla. Ni siquiera se dan cuenta de que es exactamente, este proceso “expropiatorio” la principal causa de la falta de rentabilidad y del generalizado endeudamiento de los pequeños y medianos productores rurales. Ellos ya han caído en una especie de conformismo fatalista. Las pocas veces que protestan es para mendigar, sin éxito, que las cadenas intermedias les ofrezcan mejores precios o para
reinvindicar, también sin éxito, que los gobiernos suavicen su empobrecimiento concediéndoles créditos subsidiados, refinanciando y finalmente si es que se dá condonando sus deudas.

La crema del agronegocio
¿Y por qué ocurre todo esto? Entre otras razones, porque los productores rurales se hacen cargo apenas de la etapa pobre y más riesgosa del agronegocio (producción) y delegan a terceros la etapa rica (procesamiento y comercialización).
Es decir, “regalan” al sector agroindustrial, comercial y de servicios, la crema del agronegocio. Ellos lo hacen sin darse cuenta de que -antes de la siembra, durante el ciclo productivo y después de la cosecha- existe una excesiva y creciente cantidad de instituciones y personas que les proporcionan servicios y productos, algunos necesarios y otros sencillamente prescindibles.
Tampoco se dan cuenta que algunos de estos servicios y productos, que son realmente necesarios, podrían ser producidos por ellos mismos, individual o grupalmente.
Sin embargo, los agricultores no lo hacen porque piensan que no son capaces de asumir como suya la ejecución de algunas de las actividades de la etapa rica del negocio agropecuario.
Si lo hiciesen se apropiarían de un porcentaje más elevado y más justo del precio final que los consumidores pagan por los alimentos.
Es en esta etapa que los dirigentes que representan a los productores (llámese Sociedad Rural, Coninagro, Federación Agraria, o Cartez) deberían aceitar todos los mecanismos para tratar de que estas pequeñas pymes ingresen a esta etapa.
Un eficiente productor de aves, cerdos, bovinos de carne y leche debe ser, en primer lugar, un MUY eficiente productor (no comprador) de forrajes/alimentos para sus animales.

Abundan los ejemplos
El ejemplo más evidente, de esta excesiva dependencia que los productores tienen frente a los agroindustriales y comerciantes, es el caso de las raciones balanceadas. En la ganadería lechera, o de carne, gran parte de dichas raciones podría ser suprimida si los ganaderos supiesen cómo “cultivar” pasturas de alto rendimiento, si supiesen “cosecharlas” racionalmente a través de un correcto pastoreo rotativo y si supiesen almacenar los excedentes para utilizarlos en los períodos de escasez, o si tuvieran los mismos créditos, beneficios que las grandes corporaciones.
Muchos productores rurales además de dedicarse a la avicultura, a la porcicultura o a la ganadería de leche o de carne, producen, o podrían producir, en sus propias tierras o en tierras arrendadas, casi todos los ingredientes que coincidentemente las grandes empresas industriales utilizan en la fabricación de las raciones balanceadas (maíz, sorgo, soja, alfalfa, granos de girasol y de algodón).
Sin embargo, en vez de producir/fabricar ellos mismos sus propias raciones, venden estas materias primas al primer intermediario que aparece en sus chacras, quien, a continuación, las vende a la industria fabricante de raciones.
Ésta después de procesarlas, agregarles los componentes del núcleo vitamínico-mineral y de empaquetarlas en bonitos envases, las vende a un segundo intermediario que las transporta de vuelta, muchas veces al mismo municipio del cual salieron dichas commodities.
Desde allí un tercer intermediario vende las raciones, en muchos casos, a los mismos agricultores que produjeron los ingredientes con los cuales fueron fabricadas las raciones que ahora regresan a sus granjas de origen. Esta distorsión es sencillamente inaceptable, máxime porque, afortunadamente, ella podría ser corregida o eliminada por los propios productores rurales.
También deberían involucrarse los diferentes gobiernos, ya sea municipal y provincial en la atención de pequeños y medianos productores. ya que se está desperdiciando por el solo hecho de vender el producto bruto primario, extraordinarias fuentes de trabajo, y de desarrollo regional, tratando des-de lo político que los gobiernos e instituciones que nuclean a los productores aporten lo máximo para consensuar, construir diferentes estrategias que den el máximo valor agregado a los diferentes tipos de producciones regionales, amparando de esta manera el trabajo local.

Algunas soluciones
Entonces ¿Cuál es la solución de fondo para disminuir esta expropiación? ¿Reducir la dependencia que los agricultores tienen de los otros integrantes de las cadenas? o, cuando esto no sea posible, ¿Volverlos menos vulnerables a la excesiva expropiación de dichos eslabones?.
¿Cómo hacerlo? Organizándose con propósitos empresariales de modo que ellos mismos, asuman en forma gradual, la ejecución de algunas actividades de la etapa rica del agronegocio.
A propósito, es lo que ya están haciendo, con gran éxito, varias cooperativas agrícolas que están transformándose en cooperativas agroindustriales.
Incluso los agricultores que no pertenecen a ninguna cooperativa podrían organizarse en pequeños grupos para producir, ellos mismos, algunos insumos o por lo menos adquirirlos de forma grupal.
Estos grupos podrían constituir sus propios servicios (de vacunación e inseminación artificial, de siembra, pulverización y cosecha, de asistencia agronómica y veterinaria, etc.). También podrían realizar en conjunto las inversiones de mayor costo, hacer una pre-industrialización/procesamiento inicial y comercializar sus excedentes con menor intermediación.
Los que ejercen cualquier tipo de representación debieran exponer sus ideas sobre planificación que involucre a todos los sectores productivos, que no se discuta solamente el impuesto a las retenciones, que aborden la problemática social que esto acarrea. Las fuentes de trabajo deben atenderse desde las pymes que son las que impiden el éxodo rural.