Hay evidencias inobjetables -olor nauseabundo- sobre el daño ambiental que viene generando el frigorífico JBS Friboi. Vecino irá a la Justicia sino median soluciones.

La semana comenzó movidita en el municipio de Colonia Caroya, sobre todo a partir de la presentación de un reclamo administrativo bajo apercibimiento de Juan José Galizzi, vecino de barrio Col-Car harto de los inconvenientes que le genera el funcionamiento deficiente del frigorífico JBS Friboi.
Baste pararse sobre la ruta nacional 9, a la altura del triángulo donde nace la calle Belgrano, para que las fosas nasales se vean totalmente afectadas por un olor insoportable. Nadie duda de eso.
Pero quienes peor la pasan son los vecinos de barrio Colcar, los que viven frente a la industria o a sus laterales, quienes no sólo deben soportar el olor sino una serie interminable de problemas que afecta su calidad de vida.
Galizzi vive en el barrio desde hace unos seis años y, durante todo ese tiempo, aseguró no haber tenido tiempos de paz. Con el cambio de manos del frigorífico, se supuso que los problemas se podrían solucionar, pero se han agravado, sobre todo desde que comenzó a trabajar a gran escala.
Medió por parte de los nuevos propietarios una promesa de solucionar el tema de los olores y otros problemas en un plazo de 45 días que expiraron el 15 de febrero. Pero casi nada cambió desde la promesa ni a lo largo de los 45 días.
Galizzi le solicitó al intendente Rodolfo Visintín, en su carácter de representante legal de la administración publica local, “que haga efectivo en forma inmediata el fiel cumplimiento de las normas constitucionales operativas a través del debido ejercicio del poder de policía municipal”.
El escrito plantea que hay un grave problema de orden ambiental por la acción del frigorífico (ex Col Car) y la inacción de la administración.
El frigorífico JBS Friboi viene generando en un gran sector comunitario, particularmente en barrio Colcar, “olores nauseabundos, con gran densidad de podredumbre y suciedad altamente contaminante que afecta gravemente el ambiente”, según manifiesta el reclamo apoyándose en una lista interminable de derechos constitucionales y municipales que se estarían vulnerando.

Sigue la lista
Los olores que emanan del frigorífico fueron calificados en el escrito como “nauseabundos y humanamente intolerables”, y provienen de represas a cielo abierto que están dentro del predio.
Está planteada la duda sobre si el municipio viene ejerciendo el poder de policía como corresponde para que se revierta la situación.
El vecino planteó también que los materiales orgánicos e inorgánicos que el frigorífico vierte en dichas represas (líquidos de la faena de los animales, como la sangre, agua usada en la faena, guano, y orina) no tendrían un tratamiento previo adecuado.
Fueron denunciadas también las molestias que ocasionan los camiones, mientras esperan para ingresar y los escasos recaudos que tienen muchos camiones que salen con desechos que se van derramando por las calles. Eso genera olor y atrae a millares de moscas.
Ni siquiera pueden tener un descanso reparador los vecinos porque los camiones térmicos aparecen a altas horas de la madrugada, dejando sus motores en marcha a altas revoluciones con el objetivo de enfriar el térmico para el transporte de la carne con lo que se hace imposible dormir.

A la justicia
El emplazamiento al municipio para que redoble las presiones al frigorífico expiraba el viernes 17.
Casi sin posibilidad de resolver una cuestión que ya lleva más de una década, lo más probable es que el asunto pase a ventilarse en los Tribunales Ordinarios de Jesús María donde se presentaría una denuncia contra Friboi y contra la Municipalidad.
Alguien debe poner freno a la prepotencia y la desidia de Friboi que no dio muestras de querer soluciones .