¿Se puede amar a una sola persona y, al perderla, nunca más enamorarse?. Esta historia confirma que sí.

Hay historias de vida que suelen dejarnos con la boca abierta. A propósito de una colección sobre inmigrantes, conocimos a Dora Vagli de Tognocchi. Su historia nos dejó perplejos.
Dora vivía en Capanne di Careggine, provincia de Lucca (Italia), una zona al pie de los Alpes donde hay mucho verde y un hermoso lago. Allí conoció a Ubaldo Tognocchi.
Las familias tenían animales de granja como ovejas, cabras, gallinas, caballos y cosechaban muchas frutas como las castañas que son un clásico en los platos gastronómicos (polenta con castañas es uno de ellos).
En época de cosecha de castañas, el pueblo se ponía contento y se escuchaban cánticos desde todos lados.
En casa de los Vagli, ocultaron en muchas oportunidades a ingleses o judíos que escapaban del horror alemán.
El padre de familia, Ludovico Vagli, viajó muchas veces a América para trabajar y volver con algo de dinero a su casa, en la época del “fare l´America”, que implicaban seis meses de duro trabajo y privaciones antes de retornar a Europa.

Elogio de la ternura
Como casi todo el pueblo, Dora y Ubaldo no sólo se conocían sino que vivían a pocos metros de distancia.
“De jovencita me enamoré de él y él también de mí así que nos pusimos de novio, aunque él todavía no había hecho el servicio militar y le tocaban 18 meses”, rememoró en 2005 Dora.
Mientras hacía “la colimba”, Ubaldo iba tachando los días en el almanaque porque no veía la hora de volver para estar con ella. Sin embargo, cuando quedaban pocos días para terminar la conscripción empezó la guerra de Italia con Francia y a él le tocó ir a la frontera.
Después de la guerra, le tocó una licencia que los mantuvo juntos por un tiem-po, antes de que comenzara la guerra con Yugoslavia.
El noviazgo había cumplido cinco años pero mayoritariamente había sido por carta y entre licencia y licencia de guerra, y todavía faltaba la guerra con Rusia.
Le dieron un permiso de tres meses en los que se prepararon para el casamiento, en 1941. La fecha finalmente fue el 31 de agosto.
Durante 1942, Ubaldo volvió pocas veces de licencia y en agosto lo mandaron a Rusia con el mandato de que permaneciera seis meses antes del relevo.
“Los alemanes le tenían rabia a los italianos aunque mi marido no se quejaba. Noso-tros le mandábamos ropa, lana, y cigarrillos que él recibía y no se quejaba del trato que le daban los aliados. Pero yo sabía por una vecina que tenía a su marido también en la guerra que no los trataban bien”, rememoró Dora.
El 12 de diciembre de 1942 recibió por última vez una carta y nunca más supo nada de él.
Circularon versiones que decían que los habían mandado a Siberia y que habían muerto de Tifus provocada por piojos, pero Dora no supo más nada después de esa última carta que Ubaldo le había enviado con una imagen de María Auxiliadora.
“En esa última carta, él me escribía sobre las cosas de siempre, sin quejas. Ya no se puede leer más de tanto tocarla”, contó la mujer.
“Nunca más volví a formar pareja”, añadió.
Dora llegó a Argentina por primera vez en 1956 y volvió cuatro veces a Italia, y en muchos de esos viajes siempre tuvo la esperanza de reencontrarse con el marido que fue a la guerra con Rusia (Italia aliada con Alemania) y que nunca más volvió. El último viaje fue en 1996.
Dora se quedó junto a su hermana y su sobrino y trabajó mucho con la máquina de tejer. “Prácticamente le tejí a toda Jesús María y supongo que eso no me dejó mucho tiempo para buscar marido”, narró entre risas.
“El amor me pegó una sola vez, aunque parezca mentira”, aseguró con convicción.
Dora, que se define como muy católica, reza todos los días y en esos rezos está incluido Ubaldo, su primer y único gran amor.