El 9 de febrero comenzó a escribirse un nuevo capítulo en La Casa de Matías. Su directora, Roxana Rodríguez, había comentado en un almuerzo que su próximo sueño era la construcción de un albergue para que los chicos se quedaran el fin de semana.
A los pocos días, el deseo comenzó a cristalizarse ya que un ingeniero se ofreció a conducirle la obra y numerosas manos anónimas comenzaron a hacer importantes donaciones.
De hecho, la obra iba a inaugurarse en agosto, en vísperas del aniversario número 15 de la Casa, pero todo parece indicar que será mucho antes.
“Sigo trabajando por los chicos y soy muy feliz por hacerlo. Siempre digo que ellos son los que dan las respuestas. Nosotros les damos dos, cinco, diez oportunidades y el que se quiere recuperar se recupera y el que no se quiere recuperar se queda afuera”, señaló Roxana.
La mamá de Matías, el angelito que custodia la institución, dice que anda con ganas de hacer una caminata por otros barrios para preguntarle a los chicos que deambulan por las calles y se juntan en las esquinas si no quieren ir a la Casa.

Un espacio de contención
Los fines de semana, la Policía patrulla mucho barrio La Costanera, de donde proviene la mayoría de los chicos, y muchos de ellos terminan alterados, pero tampoco les gusta juntarse con los que se emborrachan temprano ni con las barritas que se juntan en las esquinas.
No quieren verse mezclados en ese tipo de situaciones y prefieren estar en la Casa.
“Los chicos -añadió Roxana- a esta altura saben qué elegir. Han conocido que hay otra forma de vida que es la que tratamos de enseñarle con mi esposo. Ellos no son tontos, saben elegir. Prefieren quedarse acá a comer pizza, comer salchicha, usar la computadora, ver una buena película, o jugar a los juegos”.
Roxana insistió en que los chicos sólo se quedarán en el albergue con autorización.
“Siempre he sido respetuosa de la familia de los chicos, aunque sea del núcleo chiquito. Yo no secuestro ni obligo a ninguno de los chicos a que se quede. El que se queda es porque tiene autorización de la mamá o del papá”, explicó.

Una obra ambiciosa
Lejos de lo que puede parecer, el albergue de La Casa de Matías será una obra edilicia importante, tanto que habrá unpabellón para niñas con espacio para muchas cuchetas triples y también un pabellón para niños, además de las duchas y los sanitarios.
La superficie cubierta superará los 120 metros y se están utilizando materiales de primera en su construcción.
En este momento, la preocupación es poder pagar la mano de obra a los albañiles para que no se detengan justo ahora en que todo va viento en popa. Por ese motivo, abrieron una caja de ahorro en el Banco Galicia, a nombre de Albergue de la casa de Matías, C.A $. 4001420-6 344-2.
“Estamos pidiendo 5, 10, 15, 20 pesos o lo que la gente pueda y quiera porque para nosotros va a ser una ayuda importantísima”, indicó Roxana.

El altar de los santos locales
Es demasiado frecuente, entre la gente de fe, formularle alguna promesa a San Expedito, a San Pantaleón, o San Judas Tadeo, para no mencionar a los clásicos como San Cayetano u otros. También es frecuente formularle promesas y rezarle a la Virgen María en sus distintas advocaciones.
Pero el santuario que está al ingreso del Comedor de La Casa de Matías está poblado de lo que podría denominarse “Santitos Autóctonos”. Allí está Matías, el hijo de Roxana y Luis Rodríguez que falleció cuando tenía 3 años. Y también hay fotografías de otros difuntos a los que Roxana les dedica una novena o una oración por el descanso de su alma.
Y fue una novena en memoria de la profesora Gabriela Clement la que generó la primera buena noticia sobre la construcción del albergue.
A los angelitos del altar se le suman otros angelitos de carne y hueso, personas que se acercan en forma desinteresada y que hacen desembolsos de importantes sumas de dinero. “Todo eso está anotado. Lo que cada persona trajo y donó, pero la mayoría es gente que no quiere que la nombremos, que prefiere la donación en el anonimato”, explicó Roxana.
La función de La Casa de Matías excedió largamente el plato de comida que le dio origen. De hecho, el almuerzo comunitario se da los sábados porque la mayoría almuerza en los comedores Paicor.
Hoy, la mayor satisfacción para el matrimonio que preside la institución es que todos vayan a la escuela “Querés que te ayude, perfecto. Tenés que ir a la escuela… ¿este año no podés? En tonces, vas a ir el año que viene y mientras tanto algún taller de algo vas a hacer”, Relató Roxana sobre las condiciones de ingreso a la Casa.
Todo el mundo hace algo; sea en la huerta, con las ovejas, o las gallinas con pollos, pero todos están ocupados. Además, van a misa juntos y salen de paseo (este año, fueron a Deán Funes y a Carlos Paz)
“Cada vez que recibo un chico nuevo es tan maravilloso porque me hace acordar a los chicos de Don Bosco. Yo no le digo nada, no abro la boca, son ellos mismos los que le enseñan cuáles son las cosas que se pueden o no se pueden hacer dentro de la casa”, narró contenta Roxana, exudando felicidad por poder concretar otro sueño.