A principios de marzo, salimos a preguntar a diferentes directoras de colegios socios del Festival de Doma y Folklore sobre el destino que le dan a los fondos que reciben cada año. Les preguntamos también si ese aporte extra, hace a las escuelas de Jesús María y de Colonia Caroya diferentes al resto.

Las conclusiones las presentamos en el siguiente informe.
Durante 43 ediciones consecutivas, con alguna rara excepción, el Festival de Doma y Folklore de Jesús María entregó utilidades a sus 20 escuelas socias y dueñas de la marca. Se trata, por cierto, de un aporte extra al que reciben por parte del Estado provincial. ¿Debieran ser mejores esas escuelas si se las compara con otras que no reciben nada?.
La consulta incluyó a siete directoras de establecimientos educativos primarios y secundarios, de la zona rural y de la húper poblada, de las que tienen muchas urgencias y las que no tienen tantas.
Todas coincidieron en que el festival transformó en cotidiano el ejercicio de la cooperación. Sin embargo, ninguna brindó una respuesta taxativa en el sentido de que sus escuelas sean mejores que otras.
“Disponibilidad” es la palabra que más se repitió entre las docentes encuestadas. Eso: Las escuelas de Jesús María y de Colonia Caroya tienen siempre recursos económicos para afrontar urgencias en el preciso momento en que se producen. Asimismo, coincidieron, en que la mayoría de los edificios están en buen estado y bien equipados, pero también dijeron que a ninguna escuela le alcanza sólo con lo que recibe de la Doma.
Mabel Olivera, directora del Ipem 272, advirtió que en el equilibrio entre infraestructura, equipamiento, y capacidad de gestión de los directivos está el secreto del correcto funcionamiento de la institución. “Si una de esas tres patas no funcionan, la escuela comienza a tener inconvenientes y se empiezan a notar los problemas”, reflexionó.

Mejoras sostenidas
Durante 43 años, cada escuela se fue e­quipando de acuerdo a sus necesidades. En algunos casos, con las mejoras que ya introdujeron, pueden planificar otro tipo de inversiones para beneficio del alumnado. Es el caso, por ejemplo, de la escuela José Manuel Estrada de Jesús María que durante 2008 equipó el gabinete de computación, e hizo aportes para la obra de gas natural, para el servicio de limpieza, y para la contratación de un Servicio de Urgencias Médicas.
O de las escuelas Narciso Laprida y Francisco Ortiz de Ocampo, que comparten el mismo edificio, y durante el año pasado pudieron conectar el gas natural con un desembolso de 42 mil pesos. Las utilidades del festival sirvieron para hacer la entrega inicial de 9 mil pesos, pero después tuvieron que realizar otros eventos para juntar el dinero restante. Durante las noches del festival ambas escuelas se van rotando para explotar una playa de estacionamiento en el patio escolar por el que reciben buenos ingresos.
“Lo que da el festival es mucho y es como el puntapié para el inicio tranquilo de clases, supervisando las demandas edilicias y en las aulas. Los eventos que hacemos después vienen a engrosar todo eso”, explicó Daniela García, directora de la escuela Laprida.
Mirta Jurado, directora de la escuela Primer Teniente Morandini, hizo una lista enorme con todo lo que pudieron incorporar gracias al festival, lista en la que se destacan la compra del mobiliario completo para primer grado y para la sala de informática, la adquisición de un equipo de sonido para los actos, y la compra de libros y útiles para ofrecer a los alumnos con menos recursos.
“Nuestros chicos tienen más posibilidades de aprender y lo hacen con cosas nuevas. Nuestro objetivo principal es poder brindarles a los chicos esto que todos los días decimos: igualdad de oportunidades y calidad educativa, pero de verdad, sin versos”, acotó Jurado.

En las rurales se nota más
Quienes se desempeñan como directivos en escuelas de zonas rurales saben cuán importante es el aporte que reciben del festival de Doma y Folklore. Como bien indicó la directora de la escuela de Santa Teresa, Guillermina Romanutti: “Conozco directivos que pelean todos los días para comprar tizas, lavandina, trapos de piso, o libros de registro.
“Acá pintamos toda la escuela, colocamos hamacas, compramos una máquina de cortar el pasto, cambiamos machimbres, repusimos vidrios. Con el fondo de mantenimiento, de 250 pesos mensuales, es obvio que no alcanza”.
Romanutti recordó que hace algunos años el centro de investigaciones lingüisticas comparó alumnos de Caroya, del departamento Punilla, y de algunas zonas marginales de Córdoba Capital con el resultado de que las condiciones de aprendizaje eran diferentes y un poco más elevadas en Caroya que en las demás.
A la escuela Mariano Moreno de Puesto Viejo concurren alumnos con algunos problemas de aprendizaje y, por ese motivo, parte de los ingresos que reciben los utilizan para pagar una asesoría pedagógica. Pero también lograron equipamiento completo para la sala de computación, y contruyeron nuevos cuerpos de sanitarios para nenas y varones.
Marcela Durán, directora de la escuela de Los Chañares, expresó que muchas veces el gobierno les retacea apoyo porque reciben beneficios del festival. “Es cierto que nos hace un aporte importante pero no nos quedamos con eso solamente porque no alcanza. Además, hacemos bingos, bailes, peñas, entre otras actividades para recaudar”, manifestó Durán.
El dinero del festival fue muy importante para concluir el salón de usos múltiples, e igual de importante para pagar a los docentes de música y de informática porque el estado no le cubre esas materias especiales.
Es cierto que corren con alguna ventaja las escuelas cuyas cooperadoras están integradas al festival –hay otras 9 en la región que no lo están- pero también es cierto que algunas son exitosas porque tienen directivos inquietos, docentes comprometidos, padres preocupados por la educación de sus hijos, y alumnos con ganas de aprender.
Si el beneficio es grande, como reconocen los directivos, habría que avanzar hacia el objetivo de incluir a todas las escuelas, Tal vez para el bicentenario de la Revolución.