Por Juan Manuel García Escalada *

* Docente / Psicólogo social

A propósito de la feliz iniciativa de traer al dúo Los Modernos al Colegio Domingo Sarmiento, va la crónica de un docente que exalta las virtudes de la puesta teatral.

En el tradicional colegio “Domingo Faustino Sarmiento” de Jesús María, se dieron cita Los Modernos.
¿Quiénes son Los Modernos? Un dúo de varones que, desde lo corporal y oral, transforma el imaginario cotidiano del hablar y descontractura lo convencional racional.
Al decir del periodista Jorge Lanata: “Si sólo son palabras, por qué asustan tanto…”. En Los Modernos sorprenden y sin proponérselo (¿o sí?) cuestionan estereotipos.
Su vestimenta, si bien ellos explicaron por qué la usan y cómo surgió, es decisiva para demostrar que el “objeto varón” puede decir que es hijo de papá y mamá y, por ende, que en cada ser humano hay algo así como el cincuenta por ciento de femineidad y de masculinidad.
Algo que aterra a nuestra vulgar mirada prejuiciosa, que hace diferencias tajantes (con miedo incluido, por si acaso) y olvida lo importante de equilibrar ambos aspectos para lograr un hombre y una mujer que se animen a explorarse y a crecer.
George Bernard Shaw decía: “Si quieres decir la verdad, dilo con humor”. Hay en Los Modernos, tanto como en el italiano Darío Fo (Nobel de Literatura), una capacidad para usar apenas un escenario simple y un micrófono y dibujar historias de los días, con expresiones claras, concretas y concisas.
Modelo de expresión para un entendimiento que va enlazando temas, que no se contradicen, y en una hilación que descansa en el uso del silencio entre palabras. Condición básica para la comunicación: que haya silencio.
Algo que nuestra sociedad actual olvida y el ejemplo son los movileros de radio y televisión que se atropellan al hablar y tratando de construir relatos que terminan siendo crónicos; diferentes de lo que debe ser una crónica en tiempo y forma.
Los Modernos tienen histrionismo y gracia en las palabras, bella todas. No hay malas palabras, hay acciones buenas o malas.
Vuelan en ellos las palabras, suben, bajan, se muestran, se enseñan, se sienten, nacen las palabras, mueren, y vuelven a nacer. Palabras que se hacen magia.
Discurso que muestra por donde debe andar el imaginario educativo ante la fuerza de las imágenes visuales, y de cómo encarar la enseñanza en los medios escolares a los adolescentes.
Un fresco para romper prejuicios y amaneramientos a la hora de enseñar y desentrañar mitos, ya que la vida gira y lo único constante es el cambio.
Fue acierto y, también, delicadeza por parte de las autoridades del Ipem 272.
Que se repita en otras formas y tiempos el acontecer teatral, que ya los griegos lo inventaron, lo practicaron, y sabían lo que hacían.
Fue un gratísimo momento.