27 personas con diferentes discapacidades integran el taller protegido Corazones Unidos y vienen trabajando para tener su propio edificio donde desarrollar su oficio.

El Taller Protegido Corazones Unidos cumplió el año pasado diez años de vida. Aquello que nació como un emprendimiento a través del cual se podían vender algunos trapos de piso, hoy se transformó en una pequeña fábrica de pastas donde el 100 por ciento de sus trabajadores tiene algún tipo de discapacidad.
Son 27 las personas especiales que, cada mañana de lunes a viernes, concurren a las instalaciones de Almafuerte 451 para trabajar. Todo comienza con el ritual del desayuno y la charla entre amigos. Después, viene la ceremonia del lavado de manos, la colocación de barbijo y cofia, y el trabajo en las máquinas que les permiten elaborar tallarines, tapas para empanadas, masa para pascualinas, discos para pastelitos, y alfajores de maizena, entre otros productos.
Hay otras 11 personas con capacidades diferentes pujando por ingresar a “La Caserita”, pero las instalaciones actuales no lo permiten. Recientemente, el Concejo Deliberante de Jesús María aprobó la cesión en comodato de una fracción de terreno –dentro del predio del IMEI- para Corazones Unidos.
Allí, ya se levantó la estructura metálica para el techo y se vienen levantando paredes de ladrillo. Los fondos para estas obras iniciales salieron de varios eventos: de una donación municipal de la Tasa de Espectáculos de la fecha en que Chayanne estuvo en Jesús María, de una donación de 20 mil pesos del gobierno provincial, y de 15 mil pesos que el propio taller obtuvo realizando algunos eventos, como las maratoneadas de pastelitos y la cena aniversario en el predio de la Escuela de Suboficiales de Gendarmería.
También han recibido algunas donaciones como ladrillos, flete, un viaje de granza, entre otros. Con lo que tienen, pueden levantar las paredes del edificio y del baño, y colocar el techo de chapa y el cielorraso.
Pero para construir un edificio de 360 metros cubiertos serán necesarios muchos más fondos y eso decidió a la Asociación de Ayuda al Taller a generar más eventos para recaudar.
Por una parte, tienen lanzada la realización de un bingo con 20 mil pesos en premios que se llevará a cabo en la escuela de suboficiales de Gendarmería el 9 de mayo. El cartón tiene un valor de 50 pesos y se puede pagar en dos cuotas.

Campaña del ladrillo
Paralelamente, han lanzado una campaña del ladrillo en todas las escuelas de Jesús María para que colaboren con bonos de 50 centavos que es el valor de un ladrillo. Se imprimieron 15 mil números, que representan una buena cantidad de metros cubiertos de construcción.
Tristemente, hay que decir que esta iniciativa de inserción laboral no genera los réditos económicos que les permita a los asistentes llevarse un salario a su casa. De hecho, sobre los 27 integrantes, solamente 15 personas reciben un subsidio del gobierno nacional por ese trabajo. Las restantes reciben un ingreso que sale de la venta de las pastas y los trapos de piso, pero resultan a todas luces insuficientes.
Por eso, es que comenzaron a soñar con el edificio propio. Porque creen que si el emprendimiento tiene un local de venta al público las ventas podrían mejorar. Las gestiones comenzaron en 2006 y este año decidieron darle el empujón inicial a la obra
Por el tesón de sus colaboradores, Corazones Unidos ya logró obtener la personería jurídica, y tiene ingresados los papeles en AFIP para que los eximan del pago del IVA. Hace poco, enviaron un correo electrónico a la Ministra de Desarrollo Social de la Nación, Alicia Kirchner, interesándola en el proyecto para ver si pueden conseguir algún apoyo extra.
Son una comunidad adorable, sus integrantes son muy solidarios entre sí, pasan momentos realmente divertidos, se enamoran, se enojan, se hacen cargadas, y se conocen como la palma de la mano. No tienen cabida en otros círculos y no porque la gente sea mala sino porque hace falta mucho para lograr que la sociedad los integre.
Cierto es que la sociedad no miró para un costado en todos estos años y que muchos vecinos y vecinas hacen su aporte anónimo y silencioso para que el taller siga de pie, y siga ofreciendo una alternativa a sus integrantes.
En esta cruzada, hay que pedirle a la sociedad una manito más.