La administración de Carlos Ciprián trabaja en un ambicioso proyecto: restaurar y refaccionar una casona con historia para la comunidad

El arquitecto José Agustín Cresta, secretario de Obras Públicas de Sinsacate, viene trabajando contrarreloj para concluir los trabajos de refacción y restauración de la antigua Casa Nóbile, la que perteneciera a don Pedro Nóbile, uno de los primeros colonos que se afincó en la localidad.
No es la única propiedad valiosa desde el punto de vista patrimonial, arquitectónico e histórico, aunque forma parte de un grupo de viviendas significativas como es también la de la familia Parma, la de Rene Peschiutta, y el inmueble donde se encuentra la carnicería de Alberto Parma, entre otras.
La casa funcionó como vivienda particular desde principios de siglo pasado y luego se le añadió un local comercial. En ese lugar, funcionó durante muchos años la sodería del pueblo.

Recuperación demorada
Aunque la Municipalidad había adquirido este inmueble hace mas de 20 años, nunca se hicieron las inversiones necesarias para mantenerla en pie y pasó lo que pasa con la mayoría de las propiedades antiguas sin atención: se deterioró considerablemente.
Cuando asumió Carlos Ciprián como intendente, decidió recuperarla como un espacio para el desarrollo de actividades culturales y como sede de un posible museo, aprovechando que el inmueble ya habia sido declarado patrimonio del pueblo a través de una ordenanza.

Sobre la marcha, cambio
En forma paralela, el municipio inició los trámites para que la provincia construya un edificio para un colegio secundario y le donó una importante y valiosa fracción de terreno.
Tras una ruidosa protesta de padres y autoridades, el Ministerio de Educación de la Provincia decide otorgarle a Sinsacate un IPEM y le pide un lugar donde funcionar hasta tanto se logre la construcción del nuevo edificio.
Allí vuelve a aparecer la Casa Nóbile como edificio alternativo y esa esa la razón por la que trabajan a toda marcha con la idea de, en no más de 90 días, tenerlo listo para los alumnos del IPEM.

Una obra ambiciosa
La obra se dividió en dos partes: por un lado, la reconstrucción del sector donde funcionaba la sodería. Allí se levantó el techo, se realizaron dos baterías de baños para hombres y mujeres, y un baño para discapacitados. También, se reacondicionó la cocina y el sótano.
La segunda etapa es la puesta en valor de las habitaciones y la galería, donde funcionarán las aulas. En este caso, las obras incluyen el arreglo de techos, restauración de galería -hay que hacerla casi toda nueva-, más las instalaciones de gas y electricidad.
La primera etapa se financia con dinero que envía el gobierno nacional en el que interviene la GECAL y trabajan jefes y jefas de hogar.
La segunda etapa ingresó en un plan de restauración para edificios educativos que tiene el gobierno provincial. Hasta el momento, ingresaron unos 180 mil pesos de ambos gobiernos y faltaría un desembolso más de otros 60 mil pesos.
La administración de Ciprián estima que deberá hacer un desembolso de fondos propios del orden de los 100 mil pesos, con lo que la obra llegara a unos 340 aproximadamente.

En estado puro
Pese a que deben intervenir bastante el edificio, la intención es que se conserve lo más puro posible, poniéndolo en valor sin cambiar su estructura ni su lenguaje.
Sí cambiará en su interior por el uso que tendrá (baños nuevos, cocina). Los materiales utilizados son los mismos que ya tiene: techos de madera con alfajías y bovedillas, y tejas coloniales, pisos de microcemento para simular viejos estucados, y aberturas restauradas.
El conjunto será cerrado con tejido, y se harán veredas de ladrillones en pisos y patios externos, además de pergolados de madera.